Vuelve la influencer de la hidratación: "Me contagio yo, es mi p*** problema"

Tiene casi 4 millones de seguidores en TikTok, a los que se suman 1,6 millones en Instagram.

El altavoz con el que cuenta Marina Yers es envidiable, pero en vez de usarlo de forma responsable, lo utiliza como una oda al yoísmo tan peligrosa en plena pandemia como censurable

La influencer, quien ya la lió hace unos meses al asegurar que el agua deshidrataba, ha ido ahora un paso más allá. El tema de la polémica ha sido el uso de las mascarillas. Un uso que, directamente, rechaza. 

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"Os han lavado el cerebro con esto de las mascarillas. ¿Qué problema tenéis? Si no me la quiero poner es problema mío. Estoy en mi casa, en mi urbanización, con mi vecina. No me la pongo", comentaba en un vídeo de TikTok que, eso sí, ha borrado posteriormente. 

Y es que en ese vídeo dejaba perlas como ésta. "Que hay una pandemia mundial y todo lo que tú quieras pero, ¿qué te influye a ti que no me la ponga yo? Me influye a mí, me contagio yo, es mi puto problema". 

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En un tono de ofensa, Marina Yers también abrazaba las teorías de la conspiración y negacionistas sobre el coronavirus. "No tengo personas mayores en casa, a mi madre le da igual, de hecho, no cree en el coronavirus y yo no me creo nada del Gobierno ni de los medios de comunicación", aseguraba. 

Con esta polémica intervención, Marina Yers tira por tierra dos de los mantras a los que más gente se ha aferrado en los últimos años. Por un lado, queda claro que de ésta no salimos mejores. Y, por otro lado, Spiderman estará triste porque si todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, el poder de influenciar de algunas personas, genera justamente lo contrario, la irresponsabilidad más absoluta

Fotos: y vídeo: Marina Yers

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La polarización nos conduce a lugares donde es imposible cualquier discusión sosegada. "¡Fascista!". "No, fascista tú, y además cabrón!". Ese es el nivel. Y en Twitter el mal tono se eleva a la enésima potencia. Sin embargo, de vez en cuando hay reflexiones que merece la pena leer. Es lo que ha sucedido con Marwan, que en un larguísimo hilo (no exento de autoironía en un humorístico giro final) ha explicado las contradicciones que conlleva defender la libertad de expresión, el derecho a manifestarse y otros asuntos.

Por ejemplo, el de la violencia policial.

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Lo de Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid con un adoquín en la mano ha dado lugar a memes y comentarios de toda clase y condición. Naturalmente, se ha señalado el copyright de tan ostentoso gesto político: el gran Albert Rivera, que antes de llevar a su partido a la ruinita salió con un pedrusco en la mano para agitar las aguas de un debate entre candidatos que le miraron entre la perplejidad y el cachondeo.

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Y no sólo a Toni Cantó. La derecha patria estaba en Twitter exultante porque en el programa más visto de Antena 3, un espacio infantil en el que primero se opina de políitca y luego hay experimentos del QUIMICEFA, Carlos Alsina disparó crítica tras crítica contra Pablo Iglesias. 

Pero a lo que vamos.

Fue a divertirse a El Hormiguero el mismísimo Carlos Alsina.

Y Pablo Motos, como quien no quiere la cosa, le dio carrete para que pusiese a caldo a Podemos.

Lo previsible. Toni Cantó disfrutó como un niño con la velada.

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