Reivindicación del cine de romanos en Semana Santa

Se va perdiendo (sniff) la tradición de poner cine de romanos en la tele por Semana Santa: La túnica sagrada, Quo Vadis?, Ben-Hur y hasta Espartaco, manual de insurrección marxista que Hollywood aplaudió y supuso la resurrección del guionista Dalton Trumbo (marginado por la caza de brujas y recuperado para la industria por Kirk Douglas mientras Stanley Kubrick, que dirigía la cinta, se ponía de perfil y lo mismo le daba que Trumbo saliese en los créditos o que no, Kubrick nunca fue un artista muy politizado que digamos, era él consigo mismo y su mecanismo).

El caso es que el cine de romanos es a la televisión como las torrijas a la gastronomía cuando llega la Semana Santa. (Y, por cierto, aquí tienes la receta de las torrijas VEGANAS, por si te apetece probar).

Mención aparte merecen las películas en las que directamente se aborda la vida (y milagros) de Jesucristo, que también tienen su aquel. Podemos exceptuar la de Mel Gibson, puro gore preconciliar, pero ahí están Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli y, sobre todo, El evangelio según San Mateo de Pasolini, una recreación humanísima y realista del relato cristiano.

Sea como sea, antes todas las teles ponían muchísimas películas de romanos en estas fechas pero la tradición se va perdiendo y hay que irse a 13TV para disfrutar de este tipo de títulos, excelentes para las siestas en el sofá, y más con la que está cayendo ahí fuera.

Y no.

Respetemos esta tradición porque muchas de las películas de romanos son excelentes y, además, contienen elementos de erotismo subversivo (y subtexto gay en muchos casos) y escenas de acción absolutamente imperecederas. La carrera de cuádrigas de Ben-Hur sigue siendo trepidante y eso que se rodó en 1959.

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Y luego están los actores estupendos que salen en esas películas, como Richard Burton y Jean Simmons en La túnica sagrada. Y también el que Peter Ustinov salga como Nerón, cosa que sucede en Quo Vadis? Peter Ustinov siempre resulta una presencia estimulante en cualquier película.

Súmese al grandísimo Victor Mature, el rey de las películas de romanos. Antes, cuando un crítico quería denostar la valía de un intérprete, se decía: "El peor actor desde los tiempos de Victor Mature". Pero tampoco es para tanto. Y, además, se tomaba su profesión con una actitud poco solemne y simpática: "Lo más difícil de mi carrera de actor fue meter tripa". Una frase fabulosa. Rindamos homenaje a Victor Mature.

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Por estas y otras razones hay que reivindicar que en la parrilla televisiva vuelvan los títulos de romanos porque ver a los colaboradores de Sálvame jugando a Gran Hermano en la casa de Guadalix resulta pecado mortal para cuando el alma ha de confortarse entre torrija y torrija (y potaje de cuaresma):

Amén.

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Ha sido la estrella de este domingo en San Sebastián, el icono hollywoodiense con el que el festival ha demostrado que sigue convocando a los grandes nombres de la industria cinematográfica mundial.

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Estamos hablando de uno de los grandes directores del cine español, quede claro, y no se entienda el titular como menosprecio. Pero es que Fernando Colomo rodó entre 1982 y 1996, coincidiendo con los gobiernos de Felipe González, una colección de fabulosas comedias que son un certero retrato de esa enfervorecida España que se modernizaba y creía (bendita inconsciencia) que la fiesta duraría siempre. Pero, como cantaba Paloma San Basilio, la fiesta terminó.

Con que hemos titulado aludiendo a Felipe González pero sin mala intención alguna.

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