Pablo Motos o la insoportable levedad del fascismo

España es un país que fusila a Lorca y otorga al presentador de un programa de televisión coprotagonizado por dos peluches la condición de opinador político de primer grado. Lo que diga un personaje como Pablo Motos, en cualquier nación civilizada, sería irrelevante. Y aquí también lo es pero en Twitter hay quien ríe las gracias al ideólogo de El Hormiguero y pasa lo que pasa. Que los cuñados aplauden hasta que les duelen las manos y el resto de los mortales meditamos largamente sobre el sentimiento trágico de la vida como Unamuno antes de la película de Amenábar.

A lo que vamos.

Pablo Motos no es un fascista (seguro que no) pero alimenta al fascismo con sus diatribas contra "los políticos". Recomiendo la lectura de M. El hijo del siglo sobre la irresistible ascención de Benito Mussolini. Antonio Scurati, ejerciendo de entomólogo y sin ánimo de literaturizar en exceso, describe el proceso por el cual un tipo marginal, patibulario y hasta ridículo se hizo con los destinos de un país entero. Igual que Bolsonaro en Brasil. O Trump en Estados Unidos.

Pero para que existan esos duces triunfales tiene que haber colaboradores necesarios y ahí está Pablo Motos cuando se le necesita, bien sea para convertir a Santiago Abascal en personaje de Disney o (como en este caso) arremeter contra "los políticos", que son Pedro Sánchez y Pablo Iglesias porque los de Vox entran en otra categoría, la de españoles de bien.

Pablo Motos es la insoportable levedad del fascismo, un analfabetismo funcional suave que desconoce las reglas democráticas, la razón por la cual era buena idea las clases de Educación para la Ciudadanía en la escuela, mediante las cuales gente como Pablo Motos hubiera aprendido que "los políticos" son hombres y mujeres a quienes se vota cada cuatro años y no alienígenas llegados de un planeta remoto para jodernos con subidas de impuestos (que es lo que más fastidia a Pablo Motos, pagar impuestos, mira que lo pregunta cada vez que va Pablo Iglesias a tocar la guitarra a su programa).

El perfil facha titulado Mejores Zascas, por supuesto, promocionó la última "reflexión" de Pablo Motos. Por si no lo habían visto (y luego seguimos).

Ese sentido común del que hace gala Pablo Motos en sus speeches políticos resulta de un nivel intelectual ínfimo pero exhibe claramente cuál es la capa freática de la opinología española, que en la tele da extraños compañeros de cama como pueden ser Jorge Javier Vázquez y Spiriman. O el estar a lado de Eduardo Inda en una mesa de plató. Ganarse la vida en la tertulianía es un oficio que provoca muchas lágrimas y si Larra levantara la cabeza, volvía a pegarse un tiro. Pero es que Pablo Motos ni siquiera se sienta con Susanna Griso en Espejo Público. Pablo Motos hace experimentos para la chavalería, baila, habla con sus muñecos, dice cosas verderonas a las chicas que lleva al plató, se pone picantón y Charlize Theron vuelve a Hollywood espantada. Etcétera. Y en mitad de todo eso va el presentador de El Hormiguero y emite una homilía contra los políticos para que su público infantil se vaya haciendo fascista, que en el fascismo seguro que se pagan menos impuestos.

Vivimos tiempos convulsos y lo que pasa es que (lean M. El hijo del siglo) lo imposible se vuelve posible cuando menos te lo esperas y Donald Trump está en la Casa Blanca así que cualquier fenómeno sobrenatural puede producirse.

La insoportable levedad del fascismo.

Parafraseando a Milan Kundera.

En su cadena amiga.

DANIEL SERRANO

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