Los juegos del hambre, Ayuso y James Rhodes

Por desgracia para los españoles, en general, y los madrileños, en particular, los juegos del hambre ya comenzaron hace meses en Madrid. 

Por si alguien lo ha olvidado, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, adjudicó los menús escolares a estudiantes en familias vulnerables a Telepizza y Rodilla en pleno confinamiento. Chavales que durante más de 50 días estuvieron a base de pizzas frías, patatas rancias y grasas saturadas como para frenar un tren. 

La cara visible del PP madrileño dejaba claro cómo iba a ser su gestión de la pandemia en la Comunidad y, medio año más tarde, mantiene su pulso con todo el que le quiera llevar la contraria, que ha resultado ser casi toda España, salvo palmeros habituales que siguen siendo legión. 

Entre esos palmeros no se encuenta James Rhodes. 

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El pianista siempre se ha mostrado contrario a la gestión de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, compartiendo sus pensamientos en Twitter. 

Y por si alguien lo había olvidado, James Rhodes ha vuelto a echar mano de este clásico atemporal que es el dar inicio oficial a Los Juegos del Hambre, a pesar de que en Madrid ya lleven meses celebrándose. 

Echar un ojo a los comentarios del tuit deja claro que la situación en Madrid es insostenible. No hace demasiado, cualquier comentario del pianista se llenaba de vots conservadores insultando, despreciando y desmintiendo. Ahora, hasta a las máquinas programadas para contestar les da vergüenza abrir la boca y todos los comentarios no hacen sino dar la razón a su proclama 

Tendría gracia lo de Los Juegos del Hambre si no hubiera vidas en juego. Si no hubiera vidas sesgadas por el camino. Si lo ocurrido no rozara lo delictivo. 

Fotos: Gtres

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Cuando un grupo pop se convierte en bandera de cierta clase social o segmento ideológico no hay manera ya de hacer un juicio serio sobre sus canciones. Sucede con Bertín Osborne (¿recuerda alguien cuando Amor mediterráneo sonaba en Los40) y con el Miguel Bosé de la plandemia y, claro, con Taburete.

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Que el humor tiene un fondo trágico no resulta ninguna novedad. Todos los grandes de la comedia lo han sabido. Lo sabe Ignatius Farray y lo expresa en sus memorias Vive como un mendigo, baila como un rey. En ese libro menciona (claro) a Richard Pryor, cuya terrible infancia y juventud cocieron a fuego lento un talento humorístico sin precedentes. Y, sin embargo, aquel cómico afroamericano de éxito, que coleccionaba éxitos de taquilla junto a Gene Wilder en la década de los 80, fue un hombre atormentado.

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