Las mejores adaptaciones al cine de la literatura española

Hubo unos años (allá por los 80 y primeros 90 del pretérito siglo XX) en los que se hicieron multitud de adaptaciones cinematográficas de obras literarias españolas y salió de todo: películas excelentes y películas pésimas. Luego hay quien ha perserverado y ahí está la atrevida adaptación de El Quijote en la que se dejó la salud el gran Fernando Rey (ya con una muy avanzada edad) y que, dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón, salió regular. Adaptar a Cervantes es un imposible. Hasta que venga alguien y lo haga bien. Ni siquiera ese experimento de Orson Welles que se publicó hace unos años (con fragmentos deshilvanados y que se hizo pasar por una película) tuvo un buen resultado.

Pero hay adaptaciones realmente estupendas y quizá la mejor, incluso traicionando inteligentemente el original, sea La colmena, que dirigió Mario Camus en 1982 y que cuenta con uno de los repartos más fabulosos del cine español,

Está todo el mundo de la farándula: de José Sacristán y Concha Velasco a María Luisa Ponte, Manolo Zarzo, Mary Carrillo, Queta Claver, Fiorella Faltoyano, Rafael Alonso, Luis Ciges, Miguel Rellán, Francisco Rabal, Encarna Paso, José Luis López Vázquez, Antonio Resines, Saza... y el mismísimo Camilo José Cela.

El final de la película, que no está en la novela, aporta una ternura triste que poco tiene que ver con el tremendismo de La colmena y que, sin embargo, resulta de una inmensa belleza.

También dirigió Mario Camus esa obra maestra que es Los santos inocentes, adaptación de un relato de Miguel Delibes y cruel daguerrotipo de una España negrísima que comenzaba a ser de otro modo. Era 1984 y fue un éxito internacional. Paco Rabal, Alfredo Landa, Juan Diego, Terele Pávez... Inmensas interpretaciones.

Y hablando de adaptaciones del gran Miguel Delibes no podemos dejar de mencionar El disputado voto del señor Cayo. Quizá la mejor película de Antonio Giménez-Rico y una soberbia interpretación (otra más) de Paco Rabal. Y la reinvención definitiva de Juan Luis Galiardo en actor notabilísimo tras años de galán en españoladas e, incluso, como protagonista de algún chorizo-western.

Otros clásicos de cuando Franco y posteriormente

Novela fue antes que excelente película Marcelino pan y vino, título que hizo llorar a varias generaciones con un Pablito Calvo absolutamente deslumbrante. Y luego está la adaptación del Lazarillo de Tormes que se hizo en 1959, coproducción con Italia que tiene su interés aunque no sea un peliculón.

Aunque para película de verdadero fuste, Tristana, versión buñuelesca de la novela de Benito Pérez Galdós. Con una Catherine Deneuve apabullante.

A Buñuel siempre hay que reivindicarlo. Por supuesto.

Adaptaciones contemporáneas

Y luego están las adaptaciones de nuestros tiempos y de las cuales, a veces, mejor no acordarse: lo de Alatriste fue un epic fail por mucho que por allí pasase Viggo Mortensen como protagonista y de Las edades de Lulú (exitazo erótico de una Almudena Grandes en sus comienzos como novelista) pues ¿qué decir? Javier Bardem sale un minuto y roba la película y Francesca Neri y Óscar Ladoire resultan la pareja más extraña que jamás se haya dado en el cine.

Mejor suerte tuvo Jesús Carrasco, que vio convertida su novela Intemperie (cruce entre Cormac McCarthy y Delibes) en un estupendo western celtibérico con Luis Tosar dándolo todo.

Y después vino el mundo de las series, donde también hay estupendas adaptaciones (ahí está Patria, que ha entusiasmado a críticos tan feroces como Carlos Boyero) y luego entretenimientos que, en fin, allá cada cual: El tiempo entre costuras, Lo que escondían sus ojos y otros folletines contemporáneos.

Lo que nadie ha hecho todavía es una adaptación decente de El capitán Trueno o El guerrero del antifaz o de Roberto Alcázar y Pedrín. ¿Por qué los clásicos del tebeo español franquista no pueden ser revisados cinematográficamente? O en forma de serie. Ahí dejamos la idea.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: Las mejores películas de todos los tiempos (a ver si está usted de acuerdo)

 

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