Lamento del viejo corresponsal de guerra ante la visión de Javier Negre

Es Ramón Lobo un veterano corresponsal de guerra y escritor de periódicos cuya prosa siempre tuvo la calidad literaria que hace de este oficio una dedicación respetable dentro de lo que cabe. Luego están los reporteros que acuden al madrileño barrio de Usera y aseguran pasar miedo porque el personal no se pone mascarilla. En la calle Núñez de Balboa el miedo era menos. Los pobres asustan más a la prensa televisiva.

El caso es que Ramón Lobo estaba viendo la tele, concretamente Telecinco, y ha expresado en un tuit su melancolía de periodista de la vieja escuela.

Es verano todavía.

Y sin Ana Rosa Quintana ni Sonsóles Ónega presentes en la franja matinal de Telecinco. Pero con Javier Negre de vuelta a Mediaset. Sí, así es.

 La nueva normalidad.

También es verdad que por las tertulias de esta nueva temporada televisiva sigue Eduardo Inda, así que tampoco hay que sorprenderse.

Y espérate que Alvise Pérez, fabricante de fake news en modo industrial, no aguarde su turno para salir al campo de juego.

Así están las cosas.

Tambien resulta cierto que Ramón Lobo no entiende lo de Negre pero es que tenemos al mismísimo Fran Rivera ejerciendo de entrevistador. Susanna Griso ha defendido su fichaje argumentando  que"nos reiremos". Es un ángulo interesante para valorar a un periodista. Si te hace reir, está bien. Como cuando te echas novio. O novia. Es que me hace reir. Ja ja. Ji ji.

Leamos con provecho a Ramón Lobo. Su novela El día que murió Kapuscinski o Isla África. Qué bien escribe. Un gentleman de izquierdas. Un icono de otros tiempos. ¿Quedan periodistas así? Si quedan, no están en las tertulias televisivas.

ADEMÁS: Una pretérita lección de (anti)periodismo por Javier Negre

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Cuando un grupo pop se convierte en bandera de cierta clase social o segmento ideológico no hay manera ya de hacer un juicio serio sobre sus canciones. Sucede con Bertín Osborne (¿recuerda alguien cuando Amor mediterráneo sonaba en Los40) y con el Miguel Bosé de la plandemia y, claro, con Taburete.

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