La omnipresencia de VOX en Espejo Público (y luego nos quejaremos)

Todo el que haya trabajado en un programa de actualidad sabe que en su interior manda la superstición del "minuto a minuto", análisis de audiencia de dudosa base científica (la audiencia suele subir bruscamente porque el contrario está en publicidad y no porque el espectador o espectadora escuche el grito de Eduardo Inda transmitido por una extraña telepatía que obliga a cambiar de canal) pero que excita mucho a quienes hacen contenidos televisivos.

Y puede que en Espejo Público estén convencidos de que "VOX funciona" pero el resultado final tampoco es para tirar cohetes porque, en cuanto a audiencia, Ana Rosa Quintana sigue mandando en las mañanas televisivas a bastante distancia del espacio que presenta Susanna Griso.

Sea como sea, VOX goza de una omnipresencia en Espejo Público que llega a extremos asfixiantes.

Este miércoles, por ejemplo, tras el cafetito con Antonio Banderas Espejo Público se va con el juez Serrano, líder andaluz de VOX, para ejercitar unas cañas por España.

 Avanza el programa y se denuncian pintadas en una sede de VOX. Noticia de alcance.

Y por si fuera poco, el padre de Julen alude a VOX y Espejo Público no pierde ocasión de destacarlo.

Luego está en Espejo Público como tertuliana Cristina Seguí, que fue fundadora de VOX y hasta suena como inminente candidata para las municpales o autonómicas.

Rocío Monastero, Ortega Smith y Espinosa de los Monteros salen día sí y día también en Espejo Público.

Sin desdeñar la anécdota y correspondiente entrevista al que Espejo Público denomina "negro de VOX".

Está claro que VOX es un partido en plena pujanza (tras su éxito en Andalucía y su éxito en las encuentas) y tiene lógica hacerles caso pero ¿tanto caso?

Hay quien especula con que se trataría de una apuesta para polarizar Atresmedia entre la cadena progre (laSexta) y la cadena carca (Antena 3). No suena a buen negocio porque puede que, por ejemplo, haya algún votante del PP que acabe cabreado porque su cadena amiga le hace el caldo gordo a quienes les van a robar la cartera en las urnas. Un lío.

Lo mejor, generalmente, es hacer periodismo y dejarse de historias.

Y no fiarse del "minuto a minuto".

Y que exista pluralidad en contenidos y tertulias.

¿Incluyendo a VOX?

Pues sí, qué se le va a hacer.

Pero sin exagerar porque en Espejo Público tiene ahora mismo mayor presencia la gente de VOX que la del PP, el partido político más votado en las últimas elecciones. De Podemos ya ni hablamos, porque casi ni se les ve en Espejo Público.

En fin, que luego no nos quejemos ni echemos la culpa a las fake news, Facebook, Vladimir Putin o don Blas Piñar (que en paz descanse) si España tiene un gobierno con la ultraderecha dentro o suficientemente cerca para marcar las políticas de este país.

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La polarización nos conduce a lugares donde es imposible cualquier discusión sosegada. "¡Fascista!". "No, fascista tú, y además cabrón!". Ese es el nivel. Y en Twitter el mal tono se eleva a la enésima potencia. Sin embargo, de vez en cuando hay reflexiones que merece la pena leer. Es lo que ha sucedido con Marwan, que en un larguísimo hilo (no exento de autoironía en un humorístico giro final) ha explicado las contradicciones que conlleva defender la libertad de expresión, el derecho a manifestarse y otros asuntos.

Por ejemplo, el de la violencia policial.

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Lo de Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid con un adoquín en la mano ha dado lugar a memes y comentarios de toda clase y condición. Naturalmente, se ha señalado el copyright de tan ostentoso gesto político: el gran Albert Rivera, que antes de llevar a su partido a la ruinita salió con un pedrusco en la mano para agitar las aguas de un debate entre candidatos que le miraron entre la perplejidad y el cachondeo.

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Y no sólo a Toni Cantó. La derecha patria estaba en Twitter exultante porque en el programa más visto de Antena 3, un espacio infantil en el que primero se opina de políitca y luego hay experimentos del QUIMICEFA, Carlos Alsina disparó crítica tras crítica contra Pablo Iglesias. 

Pero a lo que vamos.

Fue a divertirse a El Hormiguero el mismísimo Carlos Alsina.

Y Pablo Motos, como quien no quiere la cosa, le dio carrete para que pusiese a caldo a Podemos.

Lo previsible. Toni Cantó disfrutó como un niño con la velada.

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