La foto de la decepción: así es el vikingo republicano sin sus cuernos

Mientras la democracia se tambalea, mientras Estados Unidos afronta una de sus mayores crisis políticas del siglo, mientras el Capitolio era tomado por miles de golpistas republicanos, el mundo aún tenía tiempo de comentar el atractivo de uno de los líderes del asalto: el vikingo

Sin duda, el legendario "es que a mí me gustan malotes" ha tomado este miércoles un sentido global. 

"Sí, lo que está haciendo está feo pero es que mira qué guapo es". 

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Las redes sociales no han dudado en encumbrar a uno de los villanos de esta película, alabando sus cuernos, su six pack, sus tatuajes, incluso sus atributos. 

Y es que, parafraseando (con cierta licencia) a ese gran pensador patrio, "ya que van a cargarse la democracia, al menos que lo haga un buenorro". 

Pero, como casi todo lo que viene de la extrema derecha, nada es lo que parece

Lo que en principio era un pibonazo con cornamenta llamado a ser el empotrador de 2021, se ha convertido en una de las mayores decepciones de lo poco que va de año. Y lo único que ha hecho falta es quitarle el casco vikingo, demostrando que Ragnar hizo más daño del que la gente piensa. 

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Sí, es triste pero es la realidad, mucha gente se ha bajado del carro del golpista con cornamenta al descubrir que está calvo. Una actitud que casi llega a empeorar el haber ponderado la belleza de un tipo que estaba asaltando el Capitolio de Washington

Lo que ha quedado claro tras este Viking-Fail es que ni lo de salir mejores de la pandemia, ni los propósitos de ser mejores personas en 2021 han funcionado. Tan sólo llevamos siete días pero hay gente que ya fía todo a 2022. Y no es de extrañar. 

Y por si no era suficiente, aclarar que este señor se llama Jake Angeli, conocido como QAnon Shaman, uno de los líderes del movimiento conspiranoico que mantiene que el mundo lo gobierna una red de pederastas que Trump quiere finiquitar. Ahora lo del pelo parece algo menor, ¿verdad?

Fotos: Gtres y Twitter

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La polarización nos conduce a lugares donde es imposible cualquier discusión sosegada. "¡Fascista!". "No, fascista tú, y además cabrón!". Ese es el nivel. Y en Twitter el mal tono se eleva a la enésima potencia. Sin embargo, de vez en cuando hay reflexiones que merece la pena leer. Es lo que ha sucedido con Marwan, que en un larguísimo hilo (no exento de autoironía en un humorístico giro final) ha explicado las contradicciones que conlleva defender la libertad de expresión, el derecho a manifestarse y otros asuntos.

Por ejemplo, el de la violencia policial.

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Lo de Díaz Ayuso en la Asamblea de Madrid con un adoquín en la mano ha dado lugar a memes y comentarios de toda clase y condición. Naturalmente, se ha señalado el copyright de tan ostentoso gesto político: el gran Albert Rivera, que antes de llevar a su partido a la ruinita salió con un pedrusco en la mano para agitar las aguas de un debate entre candidatos que le miraron entre la perplejidad y el cachondeo.

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Y no sólo a Toni Cantó. La derecha patria estaba en Twitter exultante porque en el programa más visto de Antena 3, un espacio infantil en el que primero se opina de políitca y luego hay experimentos del QUIMICEFA, Carlos Alsina disparó crítica tras crítica contra Pablo Iglesias. 

Pero a lo que vamos.

Fue a divertirse a El Hormiguero el mismísimo Carlos Alsina.

Y Pablo Motos, como quien no quiere la cosa, le dio carrete para que pusiese a caldo a Podemos.

Lo previsible. Toni Cantó disfrutó como un niño con la velada.

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