Historión de Ernesto Sevilla y Raúl Cimas: "Fijaos lo cerdos que éramos"

Ernesto Sevilla y Raúl Cimas viviendo juntos, dos años y con una cocina "que no limpiamos nunca". ¿Qué puede salir mal? 

Así comenzaba Ernesto Sevilla una historia bastante asquerosa pero que ha hecho las delicias de Pepe Colubi, Javier Coronas y Javier Cansado en Ilustres Ignorantes, aún confinados. 

El chanante ha comenzado su anécdota poniendo en antecedentes y dando algunos ejemplos de la poca salubridad que había en la cocina. "La cocina tenía un papel albal y nosotros el papel albal no lo quitamos porque eso protegía. Todos los platos y los vasos estaban en el fregadero, no había ninguno en el armario, si querías beber o comer, tenías que coger y limpiar uno". 

Y aún así, siguen vivos. 

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La historia en sí arranca con alguien llamando al telefonillo y con Ernesto Sevilla acudiendo a abrir. Un telefonillo que estaba en la cocina y que el cómico no dudó en coger para contestar. 

"Fijaos lo cerdos que éramos y lo acostumbrados que estábamos a vivir entre mierda. Llaman a la puerta, cojo el telefonillo, me lo pego y al dejarlo me arranqué pelos de la patilla porque tenía tanta grasilla...". 

Eso no es lo peor. Cuando "miré el interfono tenía pelos de otras personas". Asco. Mucho. Pero ahora viene lo mejor. Cualquier persona medianamente racional, habría ido a por KH-7, agua bendita o fuego. Ernesto Sevilla fue a Raúl Cimas y le contó que había pelos en el interfono. 

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Es la respuesta de Raúl Cimas la que eleva esta historia a leyenda: "Con no pegártelo a la cara... En ningún caso se le pasó por la cabeza limpiarlo". A grandes males, grandes remedios y grandes historias. 

Fotos y vídeo: Gtres y Movistar+

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Dicen que las comparaciones son odiosas o eso debe parecerles al clan Kardashian y a las hermanas libanesas Abdel Aziz, que han sido bautizadas ya como las Kardashian del Medio Oriente. En ambos casos ambas familias se han hecho famosas por sus cientos de selfies y por presumir de trapitos, complementos y de su anatomía en realities shows.

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Acogerse al dicho de que segundas partes nunca fueron buenas  sería lo más adecuado para analizar cómo fue el comportamiento de algunas secuelas de filmes que triunfaron en su primera puesta en escena, pero que en un segundo round no resultaron nada del otro mundo.

Algunas levantaron una expectación tan grande que el golpazo en taquilla sonó hasta en los lugares más recónditos. El gasto de producción y promoción no acaba siendo justificado cuando se hacen las cuentas finales. Son muchos los ejemplos que a lo largo de los últimos años se han podido ver.

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Arrancó sin muchas pretensiones y no haciendo mucho ruido pero se mantuvo durante cinco años haciendo que los cotilleos de un grupo de compañeros de colegio pijos del Upper East Side neoyoquino fueran la comidilla de muchas espectadores en todo el mundo.

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