El cebo: la coproducción hispanoalemana del franquismo que Sean Penn reinterpretó

Estamos hablando de una película perturbadora que se estrenó allá por 1958 en la España franquista como filme policíaco aunque contenía mucho más. Dirigía Ladislao Vajda, huído de la Hungría comunista y acogido en nuestro país para rodar obras maestras como Marcelino Pan y Vino, Mi tío Jacinto o Un ángel pasó por Brooklyn. Ladislao Vajda lograba siempre (o casi siempre) introducir en los márgenes de sus obras un factor inquietante, que escapaba a la propaganda o censura impuestas por el franquismo. Pablito Calvo hablando con Jesucristo puede contemplarse con la mirada de la piedad religiosa o en forma de visión lisérgica con algo de pesadilla (revisen Marcelino Pan y Vino con la mentalidad abierta).

Es El cebo una coproducción hispanoalemana con colaboración suiza y adaptación de un relato de Friedich Dürrenmant

Es la historia de un asesino de niñas, a quienes atrae en los bosques con sus marionetas, una versión oscura del flautista de Hamelin, con algo del Peter Lorre que exhibía su frágil monstruosidad den M, el vampiro de Düsserldorf.

Y es el relato de un policía a punto de retirarse que quiere cazar al asesino y que lanza al criminal un cebo en forma de niña. Lo cual resulta, desde luego, perverso. Ahí está el dilema moral, las aristas de este cuento con ogro y detective.

También podríamos citar entre las referencias ese Frankenstein con niña y flores al borde del agua, la poesía de James Whale y la grandeza de Boris Karloff bajo el maquillaje.

El cebo es una de esas películas que antes (en el pleistoceno) ponían en la tele y dejaban pasmado, a lo mejor en una tarde inesperada mirando el UHF.

Una hermosa fábula policíaca que se desarrolla en idílicos paisajes suizos, en bosques de los hermanos Grimm donde (claro) habitan monstruos.

Ladislao Vajda era un director magnífico y si en vez de España su destino hubiera sido Hollywood, seguramente habría volado mucho más alto.

Pero su labor aquí tampoco fue desdeñable.

El cebo es una obra maestra.

Y luego, ya en 2002, hubo una nueva versión de este relato dirigida por el mismísimo Sean Penn e inteprretada por Jack Nicholson: El juramento. Una película rara y también inquietante. 

Rastreen y busquen ambos títulos, dan para una estupenda sesión doble para el largo fin de semana.

DANIEL SERRANO

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