Hemos visto 'El Cid' (Amazon) y, bueno, esto es lo que tenemos que contarte

El Cid es una figura a la que envuelve la leyenda. Clave en el (moderno) concepto de la Reconquista, protagonista de grandes gestas literarias, es un personaje de la historia española que se utiliza como máxima representación de los valores tradicionales. Un héroe de humilde cuna, fiel, diestro, justo y cristiano.

El problema con el relato de El Campeador es que ha llegado hasta nosotros con más mito que verdad. En realidad mercenario, de familia aristócrata, y sin una cruzada personal contra el Islam, el Rodrigo Díaz de Vivar de carne y hueso y el Cid que se enaltece apenas parecen la misma persona. Y está claro de quién trata esta historia.

Cuando Amazon Prime anunció que daría luz verde a una superproducción española sobre El Cid (que se podrá ver en más de 240 países), el sentido común ya nos instaba a asumir que no se trataría de un documental. Los tráilers y pósters promocionales lo confirmaron. “Héroe. Traidor. Leyenda”, así nos presentarán a Rodrigo, Ruy, en una primera temporada centrada en sus orígenes que no busca ser rigurosa.

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A sabiendas de todo lo anterior, me senté en el sofá y sin unas expectativas claras, para bien o para mal, me puse los cinco primeros capítulos, de una hora cada uno, que estarán disponibles el 18 de diciembre.

En los primeros minutos, Ruy nos inicia él mismo en su historia mientras una secuencia animada mediante stop motion acompaña al relato. Se presenta a Tizona (que nada tiene que ver con la espada real del Cid que se conserva, pero ya hemos dicho que no estamos aquí por eso) y nos habla de su padre y su muerte, que marcan el camino a nuestro héroe. Un héroe al que veremos en el campo de batalla, victorioso mientras corean su nombre, para luego echar la vista atrás.

Así, en contexto sociopolítico (más o menos), después de presenciar la separación de su madre (que le da una cruz que dice que vale más que una espada) y con pelucas no muy realistas (la del personaje de Álvaro Rico en especial), acabamos en la corte de León, donde crecerá El Cid. Será con un Ruy ya maduro, fiel amigo de Sancho (futuro heredero), cuando comiencen las intrigas de palacio, que incluyen traiciones internas con ánimo de asesinato, pleitos con otros reinos (aunque estos estén dirigidos por tus hermanos) y, por supuesto, el principio de un amor aparentemente inviable para el protagonista.

Aquellos que disfruten de todo lo anterior por sí mismo, estarán entretenidos. El resto, no tanto. Con un formato que invita a maratón, los acontecimientos históricos se entremezclan con la leyenda a lo largo de los capítulos, en ocasiones con líneas argumentales repetitivas o muy similares en su narración, lo que me dejó con la sensación de que tal vez la historia podría haber abarcado más, a pesar de ser una clara temporada introductoria. La serie acaba resultando predecible aunque no sepas nada de El Cid o la España de la época, algo que no es malo en sí, pero a veces aburrido.

Las batallas no faltan, algunas incluso de más de diez minutos, explícitas sin reparo y anunciadas en el tráiler como principal reclamo, destacando la de Zaragoza, el principio del mito. Con la búsqueda de espectacularidad siempre en mente, también se muestran los reinos cristianos y los reinos musulmanes de la forma más dispar posible. Una lucha cultural y religiosa de gran relevancia argumental (aunque está claro que se explorará extensivamente más adelante, esta temporada se centra en palacio) que, entre otras cosas, visualmente nos deja con espectaculares construcciones (que no sabes muy bien qué hacen ahí, en esa época, en esos sitios, pero están).

En general, El Cid sigue una fórmula que recuerda a otras series (supongo que este es el mayor legado de Juego de Tronos), que funciona bien de base pero no brilla excepcionalmente porque tampoco aporta nada nuevo. Como ocurre con el protagonista.

Después de La casa de papel y Élite, Jaime Lorente es uno de los actores españoles del momento, nadie lo puede negar. Pero como Ruy no me llega a convencer. Tal vez es por estar acostumbrada a verle en otro registro, pero poco da de sí en este personaje, que es virtuoso, ecuánime y esas cosas, pero no carismático.

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De hecho, todos tienen un papel bastante estacionario en la producción. Desde el minuto uno ya sabes quién va a ser el bueno, el malo, el gracioso, y simplemente te lo irán confirmando. Salvo en el caso de Urraca (Alicia Sanz). Lo siento, aunque intenten que me caiga mal (y en muchas ocasiones lo consigan), tiene algo que el resto no: es interesante, con matices y algo de personalidad. Más tirando hacia villana, aunque a veces no.

A parte de Urraca, es cierto que a los personajes femeninos se les da un protagonismo digno, algo que también se utilizó como gancho publicitario y enfadó al sector que abogaba por "la precisión histórica". Estandartes erróneos, motivos bizantinos, espadas normandas, esas libertades interpretativas sí, pero, al parecer, dejar que las mujeres tengan dos líneas en las que hablan de su sumisión impuesta es lo que separa una mala adaptación de una buena.

Aún así, que nadie se preocupe, la mayoría son conversaciones de hombres y disputas verbales en las que los personajes se acercan mucho para marcar territorio (algo que pierde su efecto cuando es la cuarta vez que lo hacen en ¿dos minutos?), justas y demás.

El Cid la serie, a diferencia de la leyenda, pasó sin pena ni gloria en mi caso. He de reconocer que los paisajes naturales que salen han sido mi cosa favorita (son espectaculares). Pero, aún así, si buscas una serie para pasar el rato y sabes lo que puedes pedirle y lo que no, no es larga de ver, y ya no queda nada para su estreno. A lo mejor a ti te gusta más.

MYRIAM MARTÍNEZ

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