Ana Obregón, campanadas a medianoche y nostalgia de una inocencia perdida

Ha sido noticia esta semana la elección de Ana Obregón para presentar la Campanadas de TVE con las que despedir este infausto 2020. Al lado de Ana Obregón estará Anne Igartiburu, lo cual convertirá las uvas de este año en una especie de redundancia clasicista aunque falte la capa de Ramonchu. ¿Y por qué Ana Obregón? En primer lugar porque TVE, da igual lo que suceda y si hay gobierno socialcomunista o de la derechita cobarde, parece detenida en el tiempo.

Vale que se apunta algún triunfo con Masterchef o aggiornando Operación Triunfo e, incluso, recupera para la causa progresista a Jesús Cintora con programa al estilo ferreriano.

Pero TVE es TVE y sus campanadas precisan de la dosis justa de naftalina.

Siempre.

Aunque luego hay otra cosa.

El factor Ana Obregón, icono de un tiempo en que las cosas eran más fáciles, más inocentes. menos trágicas. Ana Obregón ha perdido a su hijo este fatídico 2020. El año en que tanta gente ha perdido a alguien. Quizás sea un símbolo justo. Y luego esa añoranza de tiempos felices, cuando las polémicas consistían en alguna mentirijilla de Ana Obregón y la dicha para un paparazzi se resumía en el posado de Ana Obregón en Mallorca, Marbella o por ahí.

Ana Obregón vendió a la Televisión Española de 2002, cuando gobernaba José María Aznar, una serie titulada Ana y los 7 que relataba en forma de cuento de hadas moderno la redención de una show girl. Casi nada. Se trataba de una "serie familiar". Eso sucedió en un pasado remoto anterior a la nueva ola feminista y todas esas cuestiones.

Y ahora regresa Ana Obregón a la Televisión Española de Rosa María Mateo, una televisión en el alambre, con Xabier Fortes trasnochando y nuevos formatos que no se sabe si son muy nuevos.

Eran los días en que George W. Bush bombardeaba Afganistán en venganza por los atentados del 11-S y Ana Obregón aseguraba que iba a rodar allí una película que sería como Homeland.

Si nos vamos más atrás, está la paella que Ana Obregón asegura haber cocinado a Steven Spielberg. Que es un poco como los macarrones con los que Tony Genil alimentó a Michael Jackson.

Las enternecedoras fantasías (o no) de Ana Obregón. 

La vida antes de este complejo presente con pandemia, crisis y convulsiones de todo tipo.

Eso representa Ana Obregón. Un momento del pasado en el que pudimos soñar con un futuro esplendoroso. Ahora el futuro (permitámonos el tópico) ya no es lo que era. Aunque, a ratos, la vacuna que viene nos euforice y alivie del winter is coming que acogota el ánimo.

En fin, que allí estará ella.

Despidiendo 2020 y dando la bienvenida a 2021.

En otra cadena se hallará Cristina Pedroche, que ha llorado y todo por la emoción del vestido que va a llevar (o algo así).

Ramonchu algún día logrará su regreso.

Tal vez cuando los socialcomunistas sean derrocados.

Mientras tanto, Ana Obregón da las campanadas a medianoche. Como Orson Welles.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: Cuando Ana Obregón, Felipe VI y Vargas Llosa coincidieron

Fotos: Gtres

 

 

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Con la inestimable colaboración de Maurg1

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