9 años de Sálvame o cuando el cielo y el infierno son el mismo lugar

Soplan las velas en el plató de Sálvame, obra maestra de la televisión y (a la vez) trituradora de carne para personajes siempre en el filo.  Resulta Sálvame un grand quignol con sangre y vísceras en directo cuyo principal lanzador de cuchillos es Jorge Javier Vázquez, villano perfecto al tiempo que extraordinario genio de la televisión.

Todo en Sálvame es caminar al borde del abismo.

Por aquí pasan personajes para ser sometidos a todo tipo de sevicias y vejaciones y así ganarse un jornal. 

Frente a esos personajes suele haber un Sanedrín pero lo curioso es que los miembros de ese Sanedrín también son torturados periódicamente. Se ríen de Chelo, ponen a Lydia un disfraz ridículo, sacan a pasear el convulso romance de Gustavo y María Lapiedra, dicen que van a despedir a Terelu para que llore porque todavía le queda un buen trecho de hipoteca por pagar... Cosas así.

¿Habría que eliminar Sálvame?

Y, sin embargo, nos hemos encariñado de este circo cruel y cuando lo quitan (como pasó durante una temporada los viernes por la noche) echamos de menos sus excesos. Ya no podemos vivir sin contemplar a Jorge Javier eviscerando a un presentador de televisión que quiere superar su ruina económica o escuchando atentamente a Julián Contreras, que periódicamente regresa a Sálvame a decir que luego se da asco cuando vuelve a casa después de sus confesiones televisivas.

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Resulta complicado decir si Sálvame nos gusta o no nos gusta porque depende. Hay días de ruido y furia que odiamos este formato aunque admitamos lo profundamente revolucionario que fue y es (metalenguaje, tramoya el descubierto, universo encerrado en sí mismo). Otras tardes, sin embargo, nos entretenemos mucho y hasta nos reímos. Seamos sinceros: esa gente del otro lado de la pantalla nos hace compañía. Ese es su trabajo.

Así que feliz cumpleaños, Jorge Javier y compañía, que sigan las tardes y noches de gloria y las audiencias extraordinarias. Eso sí, os criticaremos sin piedad y diremos que sois telebasura. Y, al día siguiente, volveremos a poner Telecinco a ver si hoy sale Paz Padilla.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: Políticos que ven Sálvame y políticos que no

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El humor de Malacara es ya un clásico de Twitter al que hay que acudir para desintoxicarse del mal rollo que suele cundir en la red social del pajarito. O sea, Malacara no renuncia a la crítica social y el debate político pero siempre desde la risa y sin la acritud cercana al insulto de tanta opinión tuitera.

De hecho, Malacara ha resumido a la perfección la obsesión de ciertos informativos por Unidas Podemos en general y Pablo Iglesias en particular.

Aplausos, Neurona, niñera y otros elementos reales o imaginarios suelen formar parte de las escaletas.

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Lo de opinar continuamente sobre todas las cuestiones habidas y por haber es algo muy de estos tiempos y no digamos en Twitter. También es algo muy español. De hecho, hay una cita que lo mismo se atribuye a Azaña que a Machado y dice: "Si los españoles hablásemos sólo de lo que sabemos, se produciría un inmenso silencio que podríamos aprovechar para el estudio". Esa nos gusta. Y también otra de Azaña: "En España, si quieres guardar un secreto, lo mejor es escribirlo en un libro".

Pero a lo que vamos.

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Anunció Julia Otero un cáncer que la retirará temporalmente de las ondas y se ha desatado el cariño de colegas y gente de a pie, oyentes y no oyentes. A Julia Otero se la quiere. Gemma Nierga ha hecho una confesión. Referida a la condicion de icono que Julia Otero posee.

Porque Julia Otero fue modernidad en estado puro.

Y lo sigue siendo (ojo).

Pero atención a lo dicho por Gemma Nierga.

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