20 años después de 'Lucía y el sexo'

Hace 20 años, allá por 2001, se estrenaron títulos como The Mexican, Training Day, Pearl Harbour, Vanilla Sky... No fue una cosecha cinematográficamente excelsa. Salvo excepciones (vale, Training Day mola). Refulgió, en medio tanta película mediana, Mullholand Drive de David Lynch, perturbadora obra maestra. Y luego, en España, triunfó en las taquillas Lucía y el sexo, que fue aplaudida por una crítica rendida al Julio Médem que había desplegado su talento en Vacas o La ardilla roja.

Una de las primeras consecuencias del éxito de Lucía y el sexo fue la masificación de Formentera, isla donde se desarrollaba el fogoso relato. Luego Abel Matures puso ferries desde Dénia para excursionar (ida y vuelta en el día con bocata y botellita de agua) y ya apaga y vámonos.

Cinematográficamente ¿qué es Lucía y el sexo? Una cinta erótica bien fotografiada. Las pretensiones intelectuales y/o de alta estética contenidas en el largometraje, vistas a día de hoy, se hacen un poco infumables. Y vistas a día de ayer. He de confesar que yo degusté Lucía y el sexo cuando se estrenó y me dio más vergüencita ajena que otra cosa. Pero yo soy yo y soy bastante raro. La gente salía entusiasmada de ver Lucía y el sexo.

Tuvo también bastante repercusión el hecho de que en Lucía y el sexo se vislumbrara un pene. Tristán Ulloa acabó tan harto de que le preguntaran si de verdad era el suyo que se limitó a responder de modo tajante: "No, es el de Julio Médem". (Esto no me lo invento, ¿eh?).

Para Paz Vega supuso la consagración, la definitiva confirmación de su carisma, y el prólogo de su exilio a Miami, desde donde hace el cine que le viene en gana, sin agobios.

Julio Médem se metió luego en camisa de once varas con La pelota vasca, ingenuo intento de radiografiar el conflicto vasco que fue contestado violentamente, y después con Caótica Ana trató de repetir la jugada erótica de Lucía y el sexo pero no salió bien. Lo que a crítica y público le había hecho gracia una vez no funcionó por segunda ocasión. Repetir las bromas es lo que tiene.

Han pasado 20 años de casi todo (como dijo el clásico) y también hace 20 años desde que fuímos a los Golem (que, entonces, me parece, eran todavía los Alphaville) a ver Lucía y el sexo.

Después volamos un verano a Formentera e, incluso, nos bañamos en la charca pestilente que sale en la película.

El tiempo pasó y Lucía y el sexo ha quedado en la memoria sentimental de toda una generación pero también, con el transcurrir de los años, parece más evidente que Tierra era mucho mejor.

Y, sin embargo, seguramente si revisamos esta película y hemos alcanzado la edad adecuada, le perdonemos todos sus excesos y nos quedemos con la luz, el mar y los paisajes, y esa sensación de lo bueno que era ser joven cuando éramos jóvenes.

DANIEL SERRANO

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Su nombre está inscrito con mayúsculas en la historia del cine porque fue su pluma la que contribuyó a fortalecer los guiones de obras maestras como Belle de Jour, El fantasma de la libertad, El discreto encanto de la burguesía, Ese oscuro objeto de deseo o La Vía Láctea. Películas todas ellas dirigidas por Luis Buñuel y buñuelescas en cuanto a espíritu pero con el toque Jean-Claude Carrière, escritor, literato y amigo del genio de Calanda.

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He leído sobre Malcolm & Marie (largometraje estrenado en Netflix este fin de semana) que es una mala película con una gran interpretación, la de Zendaya. Discrepo de ambas afirmaciones. La película no es tan mala  ni la interpretación de Zendaya tan buena. Y John David Washington, el 50% del elenco, hace un formidable trabajo. Excesivo como requiere el excesivo guión. 

Asi que, finalmente, ¿qué tenemos?

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