La chica del pastel

esto no es un post contra donald trump.

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Una de las mejores sensaciones que conozco es la ilusión. Yo la definiría (no sé qué opinará mi queridísima RAE al respecto) como una bonita mezcla entre ganas, alegría e inconsciencia. Las tres cosas me encantan. Tanto-tantísimo, que a veces voy por ahí buscándolas más desesperadamente que a Susan. En todas sus variantes. Variaciones. Variedades. ¡Variétés! Buenovengaya, que solo quería que lo entendiéseis súper bien, no llevaros al teatro. De momento.

Llamadme loca. Simple. Cursi. Ingenua. Egoísta. Porque lo soy; y mucho (si no, ¿qué sentido tendría molestarme en ello siquiera?) Perdón: escribo tan rápido que os (me) atraganto. Masticad bien cada bocado de lo que digo. Y pensad, así mientras os lo tragáis todo, si en las últimas veinticuatro horas habéis creído en algo. Porque en mi definición de ilusionarse la fe también cuenta.

Me ponen triste las personas que actúan como si nada fuera cierto. Me apenan su sarcasmo, su pesimismo y su desencanto, a menudo reflejados en críticas sonrientes. Para que os hagáis una idea, me deprimen al nivel de esos mercadillos que se organizan los domingos por mi barrio; con sus puestecitos de ropa cuqui, sus zumos de fruta recién exprimidos y sus djs resacosos (que es domingo, joder, quedémonos en casa de bajona en lugar de fingir).

Hillary Clinton ha perdido las elecciones y, desde ayer hasta hoy, diferencia horaria incluida, que yo recuerde he creído en la música, en un vestido rosa, en mis amigos, en la belleza del frío, en la calma que me aporta el orden, en la felicidad de mi perro, en la poesía, en un camarero muy simpático, en una cajera muy torpe, en nuestro futuro, en el olor a café, en lo enganchada que estoy al café, en la NASA, en las luces de colores, en la gente valiente, en el arte de romper vasos a diario, otra vez en la música y a lo mejor también un poco en el puto verbo esperar. Eso, que yo recuerde.

Desde ayer hasta hoy, he tenido ganas, sentido alegría y abrazado fuerte a la inconsciencia. Y aquí va otra pista para entender el significado de ilusión en mi vocabulario interno: esa de la que hablo, y a la que persigo, se v-i-v-e (dos uves, no primero eme y luego de) en emociones; a través sus causas. Jamás en resultados.

Foto: Cordon Press