Yo vi 'La guerra de las galaxias' cuando se estrenó en 1977

Queridas niñas y niños, todo esto de Star Wars comenzó allá por 1977, en una galaxia muy lejana que (en mi caso) se llamaba España y todavía conservaba un fuerte hedor a franquismo y tentetieso, habla (pueblo) habla cantaban en la radio pero el pueblo todavía no hablaba demasiado por si las moscas.

El caso es que se estrenó La guerra de las galaxias y yo tenía seis años y mi padre me llevó a verla al Real Cinema, que estaba en la plaza de Ópera, que luego cerró, ahora acoge a mendigos a sus puertas y en breve será otro hotel en una ciudad, Madrid, que va camino de convertirse en un gigantesco decorado de hoteles para que los turistas descansen de tomar cafe en el Starbucks.

El niño que yo fui vio La guerra de las galaxias desde el gallinero, asomado al abismo, y cuando sonó la música de John Williams me agarré al asiento, entre la fascinación y la sorpresa, y me hipnotizaron las letras amarillas que aparecían en la pantalla y que decían "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana..."

Fue una experiencia fundacional en mi amor al cine, un recuerdo que permanece nítido en mi memoria, la música de John Williams, aquella sensación de viajar en una montaña rusa, heroínas y héroes y monstruos buenos y malos, una nueva mitología que nos cautivó y que nos ha acompañado hasta hoy.

Luego vendría Spielberg y su factoría de grandísimos éxitos de taquilla (de Indiana Jones a Los Goonies pasando por Regreso al futuro o Gremlins) pero La guerra de las galaxias fue antes que nada y, por cierto, no se estrenó con tantísima pompa y circunstancia como ahora se estrena la última entrega de esta saga.

En Madrid se exhibió La guerra de las galaxias aquel lejano 1977 en dos únicas salas: la mencionada Real Cinema y el Roxy B.

La gente prefería ir a ver La guerra de papá, una película de Antonio Mercero con niño prodigio que se llamaba Lolo García. Se basaba en una novela de Miguel Delibes titulada El príncipe destronado.

Guerras muy diferentes.

Yo salí de ver La guerra de las galaxias dudando si quería ser Han Solo o Luke Skywalker. 

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Fue el principio de mi cinefilia, que voy escribiendo a base de artículos que son una especie de memorias cinematográficas de las cuales es capítulo imporante, por ejemplo, cuando iba a los Alphaville a ver películas de Alan Rudolph.

Y otro día contaré cómo el vídeo Betamax me permitió descubrir Casablanca, Tener o no tener y Blade Runner.

La guerra de las galaxias me marcó y, aunque no soy mitómano, admito el talento inmenso de George Lucas para reinventar la soap opera y hacernos soñar. Todo era perfecto en el planteamiento de la primera película. Da igual cómo sea la última (o la penúltima, habrá más derivaciones de este universo) porque la vida es seguir viendo Star Wars, criticar, debatir, acudir con nuestras hijas e hijos, recordar cuando fui de la mano de mi padre al Real Cinema, aquel cine de nombre señorial cuya sombra cobija hoy a los sin techo.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: 6 cosas que odiamos de Star Wars aunque se antema y herejía decirlo

 

 

 

 

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