Una tarde junto a Christian Gálvez en la Feria del Libro

Hace remotas glaciaciones escribí un libro con mi padre y recientemente la amabilísima gente de la editorial Frida se prestó a reeditarlo, razón por la cual este domingo 11 de junio estaba yo (y estaba mi padre) sudando la gota gorda en la Feria del Libro a la espera de lectores ávidos de nuestra firma.

El caso es que nos hallábamos en la caseta de la Casa del Libro y nos tocó con Christian Gálvez al lado

Señoras y caballeros, niños y niñas y también mascotas hacían cola más de media hora antes y al menos dos  personas preguntaron si había que comprar un libro para conseguir la firma del presentador de Pasapalabra y gran experto internacional en Leonardo Da Vinci.

Incluso hubo quien pretendió, en un rapto de confusión, que Christian Gálvez le firmarse el libro de otra de las autoras de la caseta.

- ¿Si compro este libro me lo firma Christian?

- Se lo firmo yo que para eso lo he escrito. Luego Christian que haga lo que quiera.

Al fondo (era una caseta amplia) estaba el padre Ángel a los suyo y no le faltaron admiradores.

¿Y cómo es Christian?

Ahora bien. Al César lo que es del César. Christian Gálvez (por mucha rabia que nos provoque el hecho de que firmarse muchísimos más libros que nosotros) transmite buen rollo y trata a la gente fenomenal.

Aguanta el chaparrón, saluda a los que pasan y gritan su nombre (¡Christiaaaan!) y deja caer, a lo largo de la tarde, varias citas eruditas sobre Da Vinci (lugar de fallecimiento, fecha, obra selecta, etc).

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Tiene pinta de buen tipo y por eso las masas le adoran. Muchísimos niños llegan a la caseta y se quedan embelesados mirándolo, como fascinados porque ese muñeco que ven en la tele cada tarde haya salido del aparato y esté ahí, rubricando como si no hubiese mañana.

Christian Gálvez tiene tatuado en el antebrazo la mano de Dios y la mano de Adán que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Su renacentismo es total.

Le preguntan los responsables de la caseta si, cuando llegue la hora fijada, se corta el grifo de admiradores que buscan su firma y él contesta:

- No, no, hasta que no atienda a todos no me voy.

¿Lo ven?

Un tipo estupendo, simpático y educado.

Firmó chorrocientos libros y nosotros cinco o seis ejemplares pero lo asumimos con deportividad y nos lo pasamos bien, qué caramba. Lo importante es participar.

DANIEL SERRANO

Fotos: Cordon Press

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