Un fenómeno llamado 'La isla de las tentaciones'

Rindámonos ante la capacidad de pegada de Paolo Vasile. O de su estrategia en lo que a televisión se refiere. Que puede resumirse en un continúo ejercicio prueba-error con la premisa clara de que aquí estamos para entretener y quien quiera "diversión para toda la familia" que se vaya a misa los domingos. Mediaset lo ha vuelto hacer. Triunfa La isla de las tentaciones, que es un reality con protagonistas de segunda división (repescados de Mujeres y Hombres o de First Dates y por ahí) con reminiscencias de aquella Confianza ciega que presentaron Francine Gálvez y Juan Ramón Lucas cuando Antena 3 también jugaba a hacer el mal.

El caso es que La isla de las tentaciones está teniendo audiencias monstruosas tanto en Telecinco como en Cuatro, por encima del 20%. Y La isla de las tentaciones se ha convertido en objeto de conversación muy extendido. Ha vuelto a triunfar la crueldad y el reirse del prójimo como mecanismo de entretenimiento. Somos así. Freaks de Tod Browning adaptado al siglo XXI. One of us, one of us!

Viendo de refilón La isla de las tentaciones, sin ser un experto y por lo que miro aquí y allá y cuenta el personal circundante, puede hacerse uno la idea de que estamos ante un reality donde la gente va a ponerse los cuernos, a la vieja usanza, nada de poliamor, pasiones destadas y cuasibestiales, celos y gritos.

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Ha salido uno gritando por la playa "¡Estefaníaaaaaa!" tras haber sido sometido a la tortura de ver a su presunta pareja en actitudes (ejem) equívocas y parece que lo del grito es un poco plagio de la versión italiana de este reality pero da igual porque ha funcionado.

¿Y qué hacemos?

¿Cómo podemos asumir que haya tantísimo interés en La isla de las tentaciones desde la debida exigencia moral e intelectual?

¿No da asco que la gente devore esta bazofia?

Eh, eh, un momentito. Modere ese tono. Y un respeto para quienes quieren una distracción sin más. En realidad, esto es como una comedia, pura ficción, y hay serias dudas sobre que las parejas participantes fuesen pareja al entrar y lo sigan siendo al salir.

A veces pensamos que todo es Netflix, El irlandés, Historia de un matrimonio y las series magníficas de la HBO, Amazon o Apple TV. O The mandalorian, que me han dicho que es un fantástico western galáctico y que llegará cuando llegue aquí el streaming de Disney.

Pero no.

Hay otros mundos pero están en este, como decía un anuncio de colonia antiguo y escribiera antes Paul Éluard.

España (o una parte importante de este país llamado España) disfruta de La isla de las tentaciones así que no hay vuelta de hoja: este tipo de formatos resultan exitosos y se trata de probar y si sale con barba, San Antón y si no, la Purísima Concepción. Porque con protagonistas más famosos han hecho en Telecinco una cosa titulada El tiempo del descuento (una especie de spin off de Gran Hermano) y allí tienen este espacio languideciendo sin la fama y la gloria de las chicas y chicos de la isla donde se tienta con infidelidades varias.

Eso sí, luego querremos que nuestra juventud estudie ingenierías y funde startups pero si la cultura que recibe la chavalería son estas cosas pues se irán a a discoteca o a muscularse todavía más.

Admitamos que La isla de las tentaciones es un fenómeno televisivo y que Mediaset afinaza su posición de liderazgo y que, de paso, ya apenas queda rastro del Cuatro que inventó el grupo PRISA y en el que Iñaki Gabilondo presentaba el informativo de la noche.

Cambia (todo cambia). Como la canción de Mercedes Sosa que suena en los mítines de Podemos. Con perdón.

DANIEL SERRANO

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Ya calienta motores Mediaset con la promoción de La isla de las tentaciones 2, continuación de un reality que fue éxito por sorpresa. En los colegios se gritaba lo de "¡Estefaniaaaaa!" porque niñas y niños siempre cazan al vuelo el meme perfecto y de ello se trataba: un tipo corriendo por la playa y gritando un nombre de mujer porque había visto en una pantalla de televisor cómo ella le era infiel.

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