Toni Erdmann, una comedia que te hará llorar

Lo de Toni Erdmann es brutal. Así; sin peros. Aunque no hubiese recibido más premios que ninguna otra cinta en el año 2016, y aunque tampoco partiese como la favorita de las prenominadas para llevarse el Oscar 2017 a Mejor Película Extranjera, lo de Toni Erdmann seguiría siendo b-r-u-t-a-l. Con todas las letras.

Emocionar al espectador durante casi tres horas de película habladas en alemán, rumano e inglés no resulta fácil. Maren Ade, su directora, lo logra. De principio a fin. En parte, gracias al tratamiento que hace de temas tan toqueteados en el cine como la muerte, el sexo o las relaciones familiares pues, en sus manos, la afectación o la intensidad que tradicionalmente les acompañan se transforman en mariposa; como si llevasen toda la vida esperando para salir de la crisálida y, cuando por fin ven la luz, solo echasen a volar hacia ella.

¿El resultado? Un aleteo blanco lleno de verdad, sencillez y espontaneidad. Pero también de poesía. Los actores protagonistas, Sandra Hüller y Peter Simonischek, le dan su impulso cómplice.

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Carcajadas y lágrimas

Todo empieza cuando Winfried (junto a Toni Erdmann), tras sufrir una desoladora pérdida, decide viajar de Alemania a Bucarest para visitar a su hija Ines por sorpresa. Ella trabaja para una compañía internacional y se encuentra en un trance laboral decisivo... o, al menos, así lo cree. Pues, quizás, nada de lo que tanto le preocupa en ese instante sea tan importante para su felicidad.

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La (doble) presencia de su progenitor desordena el cuadriculado mundo de Ines al mismo tiempo que se burla de él en la cara. Algo a lo que nadie que formase parte de él se había atrevido antes, ni siquiera la propia protagonista. El resto de la historia, pura sensibilidad. No exenta de un artístico toque crítico que tiene a las desigualdades sociales de Rumanía a modo de telón de fondo.

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"A veces divertirte es llorar con toda tu alma." Esta cita del libro Diablo Guardián, del autor mexicano Xavier Velasco, describe muy bien la sensación que genera Toni Erdmann en pantalla. A pesar de que no pueda condensarla ni por asomo pues, para entenderla bien, definitivamente hay que ir a las salas a partir del próximo viernes 20 de enero (el día de su estreno en España) y dejarse llevar por las leyes aerodinámicas de la naturaleza humana.

MILA GARCÍA

Fotos: Cordon Press

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Corría el año 1981 y todavía estaba bien visto entre la intelectualidad y la gente de la cultura y las artes militar en el Partido Comunista de España. Las verbenas del PCE seguirían por mucho tiempo siendo las mejores (con su olor a chorizo a la parrilla, sus conciertos de Paco Ibáñez y sus estupendos mojitos cubanos) pero más allá de la Casa de Campo en septiembre lo del marxismo-leninismo dejó de funcionar y la gente, qué se le va a hacer, mudó al PSOE al ver los dibujos tan bonitos de José Ramón. 

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Paradise Hills es la ópera prima de Alice Waddington. Una película distópica de fantasía en la que detrás de una victoriana y perfecta fachada se econde un oscuro secreto. Y es que aunque las rosas sean unas flores preciosas tienen espinas. 

Estamos ante un largometraje en el que todo está meticulosamente pensado y posee una composición visual y estética que cautiva desde el primer minuto. 

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La película número 50 de Woody Allen se estrena en Europa mientras el director sigue censurado en Estados Unidos.  Aunque, paradójicamente, esta vez la postal es muy (norte)americana. Como hizo en el pasado, Woodyy Allen retrata estlizadamente su querido Manhattan bajo los encantos de un tiempo caprichoso. 

Tan caprichoso como su personaje principal, Gatsby, un joven de familia aristocrática que estudia en una gran escuela de niños bien y a quien sólo le motiva en esta vida el póker y los encantos de un pasado olvidado. 

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