Rojo, una película inquietante sobre la Argentina antes del horror

Argentina. 1975. Meses previos al golpe militar que sumiría al país en la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, conocida por la gran represión que ejerció contra los opositores y por los miles de desaparecidos que dejó en el país. Desaparecidos que, a día de hoy, todavía siguen siendo buscados y por los que organizaciones como las Madres de Plaza de Mayo todavía piden justicia. 

El clima de una Argentina convulsa y a punto de lanzarse al máximo desastre es lo que el director Benjamin Naishtat ha dibujado en su octava película: Rojo. Para ello, ha escogido relatar un episodio enigmántico en la vida de Claudio, abogado de la Argentina interior que sufre un encontronazo con un desconocido que traerá consecuencias imprevisibles.

Claudio está interpretado por el siempre solvente Dario Grandinetti.

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Las dos primeras escenas del filme no dejan indiferente y, sin duda alguna, marcan el ambiente de tensión e incertidumbre que se respira durante toda la película.

En la primera, un plano fijo nos sitúa durante varios minutos frente a una casa. No hay diálogos, y casi tampoco acción, sólo varias personas que comienzan a sacar muebles de la casa y que plantean en el espectador toda una serie de preguntas acerca de lo que está a punto de ver. A continuación, nos encontramos en un restaurante en el que el protagonista, Claudio, espera a su mujer para disfrutar junto a ella de una agradable velada. Todo se tuerce cuando aparece un misterioso hombre que exige sentarse en la silla que el protagonista ocupa. Los personajes enfrentados, al principio contenidos, lo expresan todo por medio de largas e intensas miradas que parecen tener mucho que decir.

En esta atmósfera de tensión, comienza la acción encabezada por un maravilloso monólogo en boca de Grandinetti que dará pie a distintas situaciones propias de un thriller, acompañadas siempre de una gran música dramática que no hace sino incrementar el clima de tensión. Presenciamos cómo en una noche y tras una mala decisión, la vida de un hombre puede cambiar hasta volverse insoportable para él mismo. 

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Naishtat no se conforma con contar solo una historia y por eso nos muestra varias dentro del mismo entorno familiar, contruyendo así distintas subtramas que desembocarán y nos ayudarán a entender el conflicto principal con el que comienza el filme.

Y esto es, posiblemente, lo que hace a Rojo una película tan rica en contenido y satisfactoria para el espectador que va al cine para evadirse, perderse y dejarse sorprender. Una película de misterios, vacíos e incertidumbre y, además, en un momento dado, teñida de un potente rojo que pausa la acción y facilita la reflexión. 

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La película argentina obtuvo su reconocimiento en la 66ª edición del Festival de San Sebastián, llevándose tres galardones en la Sección Oficial: Mejor Director para Benjamín Naishtat, Mejor Actor para Darío Grandinetti y Mejor Fotografía para Pedro Sotero. En su discurso de agradecimiento, Naishtat aprovechó para atacar a las políticas culturales de su país, haciendo hincapié en la importancia de la cultura: "La cultura dignifica, es parte de la dignidad de un pueblo, y la dignidad no se negocia". 

Rojo ha sido, sin ninguna duda, una de las grandes vencedoras para la crítica en nuestro país y ahora solo le queda triunfar entre el público de las salas españolas, que podrá disfrutar de esta intrigante historia de Benjamin Naishtat el 2 de agosto

CLARA ROMÁN

Fotos: Gtres

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