Reivindicación del busto parlante (en busca de la neutralidad perdida)

Hemos dicho tanto eso de que la neutralidad no existe que, al final, se va a acabar editorializando hasta en el parte meteorológico. Me refiero a que, cuando yo era pequeño, Joaquín Arozamena (el señor de la foto que, con su icónico bigote de mariachi, presentaba el Telediario) no impartía doctrina sino que se limitaba a dar las noticias. Claro que todavía no había rodado George Clooney esa peli en blanco y negro titulada Buenas noches y buena suerte que seguro es la favorita de muchos y muchas presentadores, lo que pasa es que no es lo mismo plantar cara al senador McCarthy en plena caza de brujas que meterse con Pablo Iglesias, que sale gratis y hasta cotiza a la hora de que te suban el sueldo en las grandes empresas de la comunicación.

Pero a lo que vamos.

Nos queda Pedro Piqueras, poco interesado en expresar sus (seguro que interesantísimas) ideas sobre política nacional e internacional. De ahí para abajo lanza homilías todo chichibirichi. La culpa la tiene Iñaki Gabilondo, que trasladó su sermón de la montaña de las mañanas en la SER al informativo de la noche de Cuatro y era de lo mejor que tuvo esa cadena en su época naciente. Pero volvemos a lo mismo: no todos ni todas somos Iñaki Gabilondo. E, incluso, Iñaki Gabilondo tiene días malos. Pero sus días malos son mejores que los mejores días de ciertos opinantes. No sé si me explico.

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De Lalo Azcona a Pedro Macías pasando por Francine Gálvez o Eduardo Sotillos. Resumían la actualidad en el Telediario sin opinar o, como mucho, recomendando un libro, como creo que hacía Felipe Mellizo (¿o era Fernando Delgado?). 

El que sí opinaba y mucho era José María Carrascal, pero a las tantas, y además (según cuenta la leyenda urbana -nadie lo vio nunca-) en los monitores de televisión que tenía detrás cuando lanzaba su análisis profundo le ponían el porno de Canal + y eso quitaba bastante seriedad a su parrafada.

Ahora la opinión se ha colado hasta la cocina, de Sálvame al informativo de Vicente Vallés y está la profesión periodística saliendo en defensa de Vallés porque consideran que Pablo Echenique le hace bullying. A mí me dan más miedo los de Vox y mucho más los que vociferan a las puertas del chalé de Pablo Iglesias para asustar a sus criaturas, pero ese escrache continuado no te creas que interesa mucho a la prensa en general. A la prensa en general le parece más grave un tuit que un nazi todos los días a la puerta de tu casa para amenazarte.

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La neutralidad no existe, eso ya lo sabemos, aunque aspirar a cierto grado de neutralidad tendría que ser una aspiración del periodismo, sea cual sea su tendencia. Y, sobre todo, que ciertas fobias privadas (o de inspiración corporativa) no nublen el entendimiento. Y que luego pasan cosas con el Rey emérito y ahí ya no dan tantas ganas de editorializar a los locutores y locutoras que editorializan abundantamente sobre Fernando Simón, Sánchez e Iglesias.

El caso es que no vendría mal recuperar cierto tono de mesura como el que tenían las presentadoras y presentadores de antaño, en aquellos aburridos telediarios de nuestra niñez: Cristina García Ramos, Victoria Prego, Luis Mariñas, Pedro Meyer, Secundino González o... ¡Ana Rosa Quintana! Sí, señoras y señores, Ana Rosa Quintana presentó junto a Alberto Delgado la edición nocturna del Telediario en los años 1982 y 1983. Y en aquellos tiempos no opinaba. Luego se ha desquitado.

En fin.

Reivindiquemos el busto parlante que tampoco pasa nada y no hay que dar la turra al prójimo con nuestra ideología si lo que el prójimo o prójima busca es ver las noticias.

Digo yo.

DANIEL SERRANO

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¿Alguien se acuerda cuando Twitter era un sitio amable y divertido? No, ¿verdad?

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