Películas españolas que (de tan malas) son buenas

Hay películas inequívocamente malas, obviamente pésimas, aburridas y deleznables, de esas que borramos radicalmente de nuestro cerebro para no dejar rastro del aburrimiento sufrido. Y luego están las pelis malas que resultan involuntariamente buenas por no sé sabe qué razones .

Ya hicimos aquí la lista de pelis de Hollywood tan malas que son buenas y ahora le toca al producto nacional.

Porque en España hay material de sobra en este territorio del cine malo pero extrañamente hipnótico y estamos hablando de largometrajes filmados por todo tipo de directores, incluso algunos de mérito probado.

Comencemos por el principio (aunque la lista vaya en desorden cronológico, que si no, nos aburrimos).

Nadie conoce a nadie (1999)

Inenarrable. Una historia de intriga en plena Semana Santa sevillana con un Jordi Mollá con el peor acento sevillano que se ha escuchado jamás, Paz Vega antes de transformarse en una estrella de Hollywood y Eduardo Noriega practicando la inexpresividad. Todo mal. Y, sin embargo, algo hay que nos acaba seduciendo en este absurdo cinematográfico. A la dirección, Mateo Gil, que luego demostró ser un director como la copa de un pino en Blackthorn. Pero es que Nadie conoce a nadie era su primera peli como director tras sus guiones con Amenábar.

Tuno negro (2001)

Seguramente la idea de Tuno negro surgió en una descomunal borrachera que acabó en La posada de las ánimas de Salamanca. No cabe otra explicación para una película que pretende mezclar el género de terror con la tuna y que enrola para tal propósito a Jorge Sanz, Silke (súper de moda en aquel tiempo), Fele Martínez, Paca Gabaldón, Eusebio Poncela, Maribel Verdú. Es tan rematadamente mala que provoca hilaridad desde el minuto uno y, por tanto, una cierta fascinación que la aproxima al universo de las películas de culto. Dirigida por Vicente J. Martín y Pedro L. Barbero. Este último luego perpetró El futuro ya no es lo que era y le colocó a Dani Rovira un tupé como para salir corriendo. Incorregible.

ADEMÁS: ¿Qué fue de Silke?

La pistola de mi hermano (1997)

El escritor Ray Loriga se lanzó a la piscina de la dirección adaptando una de sus propias obras a la gran pantalla y le salió un churro con cierto aire de road movie USA y la peor calva falsa que se ha visto en el cine en la cabeza de Karra Elejalde. Un relato de fuga pretendidamente moderno que posee momentos estimulantes y de una sorprendente belleza mezclados con otros directamente chanantes y desopilantes. Por ello, al final, La pistola de mi hermano hasta mola.

Los amantes pasajeros (2013)

La peor mejor película de Pedro Almodóvar tratando de regresar a la juventud con sexo, drogas y tecnopop y realizando un churrigueresco vodevil con un reparto lleno hasta los topes de glorias nacionales (Miguel Ángel Silvestre, Blanca Suárez, Willy Toledo, Carlos Areces, Javier Cámara, Raúl Arévalo) y hasta internacionales (Cecilia Roth). La crítica la puso a caldo pero, la verdad, cuando la pasan por La 2 te quedas viéndola y acaba dándote cierto subidón la coreografía de los azafatos al ritmo de I'm so excited.

Cha cha cha (1998)

Antonio del Real, capaz de dirigir lo mismo Desde que amanece apetece que Jacinto Durante, representante (serie de televisión en la que salía Mariano Rajoy haciendo un cameo), probó con la comedia romántica y le salió esto. Es mala (tampoco malísima quizás pero casi) aunque hipnotiza en su torpeza. Eduardo Noriega cantando Lucía de Serrat, Ana Álvarez guapísima, Jorge Sanz en el que tal vez sea su trabajo más desganado, María Adanez haciendo lo que puede y Gabino Diego con su solvencia cómica habitual. Al final, Cha cha cha se convierte en un placer culpable y no la juzgas tan severamente.

Lucía y el sexo (2001)

¡Anatema! ¡Excomunión! Ya se oyen desde aquí a las hordas medemistas defendiendo Lucía y el sexo como incontrovertible obra maestra. Pues no. Esta película es un engrendro erótico con aspiraciones artísticas e intelectuales repleta de tonterías y simplezas para epatar a adolescentes y... qué caramba, si la ves en las condiciones adecuadas, la verdad es que te partes de la risa de tanta solemnidad y del modo en que habla Najwa Nimri. Y encima descubrió el encanto de Formentera a las masas y desde entonces no hay quien pise la bella islita. 

Yo soy la Juani (2006)

La crítica la destrozó pero todavía Bigas Luna tuvo ánimo de hacer una segunda parte (aun peor) con Elsa Pataky  y titulada D.D. Hollywood. El caso es que, pese a todo, Yo soy la Juani tiene un punto reivindicable y su desinhibida defensa de lo choni sostiene algunas de sus secuencias siempre al límite, en el exceso, sobre el alambre. Bigas Luna era así. Y así le queríamos.

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