Olivia de Havilland a los 103 años: la última superviviente del Hollywood clásico

Con la muerte de Kirk Douglas se sume en la niebla el recuerdo de un Hollywood dorado donde, como decía el lema de la Metro-Godwyn-Mayer, había más estrellas que en el cielo. Sobrevive, con 103 años, Olivia de Havilland. Icono universal por su papel en Lo que el viento se llevó y para los arqueólogos cinematográficos por sus películas de aventuras junto a Errol Flynn, fuera El capitán Blood o La carga de la brigada ligera.

Nació en Tokio en 1916 porque su padre, británico, ejercía allí de abogado. Fue estrella de Hollywod ella y fue estrella de Hollywood su hermana, Joan Fontaine, y ambas se odiaron cordialmente hasta la mismísima tumba. Joan Fontaine falleció en 2013 y había declarado en cierta ocasión: "Me casé primero, gané un Oscar antes que Olivia y si muero antes, seguramente mi hermana se indigne también por ello". Murió primero.

Comenzó Olivia de Havilland en el teatro y dio el salto al cine con una adaptación del Sueño de una noche de verano de William Shakespeare. Era el año 1935. Se iniciaba su ascenso a la gloria.

En el cine popular y taquillero que triunfaba en los años 30 del pretérito siglo XX logró su consagración con títulos como Robin de los bosques o Dodge, ciudad sin ley. A su lado, el galán de la época, Errol Flynn.

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Pero sería ya en los años 40 cuando Olivia de Havilland lograría sus grandes papeles dramáticos: la protagonista de La heredera (dirigida por William Wyler y con Montgomery Cliff dándole la réplica), trabajo por el que lograría el Oscar a Mejor Actriz, y su Melania en Lo que el viento se llevó, en competencia interpretativa feroz con Vivien Leigh. Por Melania no se llevó el Oscar aunque estuvo nominada.

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También se llevó el Oscar a la Mejor Actriz por su actuación en La vida íntima de Julia Norris, melodrama intenso estrenado en 1945.

Olivia de Havilland era toda una estrella. El problema residía en su carácter indomable. Su carrera comenzó a torcerse cuando la actriz inició un desagradable pleito con la Warner, su estudio, a quien acusaba de darle papeles sin fuste. De hecho, Olivia de Havilland sospechaba que sus papeles acababan siempre en manos de Bette Davis, la preferida de loe estudios (y, tal vez, seamos sinceros, de una mayor altura interpretativa).

No fue una mujer fácil Olivia de Havilland, competitiva a enorme nivel, con su hermana y contras camaradas de profesión. Claro que Hollywood no era un lugar fácil para las mujeres (véase al respecto Hollywood contra las mujeres: el lado oscuro de la industria del cine).

Ocaso y larguísimo final de su carrera

Con que llegaron los años 50 y 60 y Olivia de Havilland se vio abocada a aceptar trabajos alimenticios aunque todavía briló en alguna producción tan sucia como Canción de cuna para un cadáver, una perversa cinta de terror gótico dirigida por el salvaje Robert Aldrich. El título original era Hush... hush... sweet Charlotte y enfrentaba a Olivia de Havilland con su archienemiga Bette Davis.

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Los tiempos estaban cambiando y Olivia de Havilland enfila la década de los 70 sin renunciar a su carrera y se apunta a las superproducciones de catástrofes tan en boga durante aquellos días: Aeropuerto 77 y El enjambre

En los años 80 pasa a intervenir en miniseries como Anastasia: El misterio de Ana o Norte y sur.

Y después, más o menos, el silencio.

Homenajes, su retiro en Francia, la leyenda de que competía con Kirk Douglas a ver quién sobrevivía al otro. Sobrevivió Olivia de Havilland. Un fantasma de un Hollywood que ya no existe. Un nombre inscrito en la enciclopedia del cine mundial. Un mito. La última gran dama del cine clásico.

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Fotos: Gtres

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