Nostalgia de Torrebruno

Lo escribí el otro día en Twitter y lo reitero aquí: si Torrebruno no opinaba de política, ¿por qué Pablo Motos sí? La política ha infectado todo en la actual televisión. Salvo Alerta Cobra, que sigue con sus capítulos y sus persecuciones y sus coches que vuelan por los aires (un fenómeno televisivo que no cesa, interminable, eterno, cuando despertemos -siempre- Alerta Cobra estará allí).

Y Pablo Motos opina y opina aunque seguramente habrá quien ya le haya aconsejado que lo deje porque esa presunta "opinión mayoritaria" que él está convencido de representar (la de los cuñados cabreados con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias por no haber prohibido el 8-M feminista que, como todo el mundo sabe, fue el origen de la pandemia del coronavirus) resulta que quizás no es tan mayoritaria y la mayor parte de la gente cree que el Gobierno ha hecho lo que ha podido y se ha equivocado quizás pero resulta evidente que en manos de Pablo Motos no se hubiera atenuado la catástrofe precisamente. 

No obstante, queríamos hablar de Torrebruno, ser humano llegado a España desde Italia en los años 60 del pretérito siglo XXI y showman que llegó a presentar a The Beatles cuando actuaron en la plaza de toros de Las Ventas. En la puerta la policía pegaba porrazos a la juventud yeyé. Pero Torrebruno no se metía en esas cosas. Él la política se la dejaba (en aquellos días) a lo que dijera el Caudillo. De eso, nostalgia ninguna. Sin embargo, sí añoramos una televisión más sencilla, donde Torrebruno hacía televisión para niñas y niños sin arrogarse el derecho a adoctrinar. Salvo que Tigres, leones (uno de sus hits) tuviese un subtexto aleccionador con ideología de fondo. Que la tendría, vaya usted a saber, pero sin obviedades ni ganas de decir a los niños cosas gordas de la política y el voto.

Torrebruno estuvo años en la televisión española insistiendo en su acento italiano y también se dejó ver en Todos a la cárcel, pelicula de Berlanga que retrató certeramente la corrupción nacional que luego tuviera en la Gürtel su máximo exponente.

La vida era más sencilla para un niño que cursaba la E.G.B. y veía en la tele a Torrebruno o a Gabi, Miliki, Fofó y Fofito. Luego se complicó todo y ahora un niño de primaria, mientras cena, puede que se encuentre en la pantalla del televisor al mismísimo Santiago Abascal en compañía de dos muñecos de color rosa.

Si pudiera volver la programación infantil a la televisión.

Donde Espinete charlaba con Chema El Panadero pegan voces la gente de Sálvame, un día contra los políticos y otra declarándose rojos y maricas.

No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor pero, desde luego, había ciertos límites morales que se cumplìan. Aunque tal vez seamos hoy así de idiotas por culpa de Torrebruno. Pero ¿cómo serán las niñas y niños del futuro por culpa de la actual televisión?

Lo mejor sería que leyeran un libro de Roald Dahl.

Charlie y la fábrica de chocolate sirve.

O La isla del tesoro.

Rocco Walter Torrebruno Orgini murió en Madrid un 12 de junio de 1998 y en CNN+, donde yo trabajaba entonces, tuvimos que ilustrar su defunción con unas imágenes de el artista hablando con un enorme cartel detrás en el que se leía El coñón del colorado, libro de Pedro Ruiz a cuya presentacion había acudido. Era el único material del que disponíamos y, por aquel entonces, no se pirateaba de YouTube con tanta alegría como ahora. Me pareció injusto despedir a alguien con El coñón del colorado detrás, haciendo propaganda de un libro cuyo título era un chiste de letrina y reclutas antiguos. Porca miseria.

Torrebruno murió y añoramos a Torrebruno porque habitábamos el territorio de la infancia y no existían las plagas que amenazaban con matarnos si salíamos de casa.

Nostalgia de un tiempo televisivo no mejor pero, al menos, menos bárbaro, más ingenuo.

Eso sí, las series ahora son mejores.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: Pero ¿quién fue verdaderamente Torrebruno?

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Recomendaba Lenin acometer "el analisis concreto de la situación concreta" y con Sálvame hay que proceder de manera leninista y que no nos ciegue su hedor a escándalo, barbarie, machismo (lo dijo Paula Vázquez con toda la razón) y crueldad con el débil.

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