No sólo Chanquete: cuando los spoilers no importaban

Vivimos con la paranoia de los spoilers y ello se ha agudizado con el final de Juego de tronos (que ha suscitado, como puedes comprobar aquí, división de opiniones). Pero hubo tiempos en que lo de los spoilers no era un asunto que preocupase ni los telespectadores y telespectadoras ni a los medios de comunicación.

Saltó la semana pasada el ejemplo de Chanquete, que se murió en Verano Azul previo aviso en las revistas. Sin problema alguno. Y lloró la gente exactamente igual que si no lo supiera.

Pero no es el único caso.

Camaradas de Yo fui a E.G.B. han rescatado del baúl de los recuerdos esta portada de TP

Explicación para millennials: J.R. era el gran villano de Dallas y el personaje de la serie de los 80 que más sedujo a las masas, llegando inspirar uno de sus tanguillos al inmenso Pepe Da Rosa, cómico especializado en cantar los éxitos de la tele (Kojak, Baretta, V...). 

No tengan miedo a los spoilers

Cierto es que resulta adecuado ver series y películas sin que te anticipen algunas sorpresas pero hemos llegado a extremos francamente ridículos. Hay gente para la que CUALQUIER COSA es un spoiler. Y añádase que hay spoilers que no tienen ninguna importancia. Que no es lo mismo relatar un detalle inocuo que contar el final de El sexto sentido o Psicosis o El planeta de los simios.

Hubo un diputado que contó el final de Los otros en el Congreso y no pasó nada.

Pero si hasta el diario El País, en su edición del 19 de noviembre de 1977, titularon: Marco encuentra hoy a su madre y explicaban en el artículo que se había adelantado el capítulo del reencuentro por lo traumatizados que habían quedado los niños de tanta vicisitud y penuria que el susodicho Marco estaba sufriendo con su mono Amedio a cuestas.

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Qué tiempos aquellos.

Cuánta inocencia.

Y qué poco plastas era el sufrido público, que se veía igual el capítulo de Verano azul aunque le adelantasen que Chanquete iba a acabar en una caja de pino. Lo importante es cómo te lo cuentan, no qué te cuentan. Más o menos.

ADEMÁS: ¿Qué fue de las chicas y chicos de Verano Azul?

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¡Anatema! ¡Excomunión! Ya se oye a los Verdaderos Creyentes de la Religión Perdidista clamando para que quien discrepe acabe en la hoguera.

Pero la opinión es libre.

Y hasta Perdidos tiene sus detractores.

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Corría el año 1985 y se estrenaba Luz de luna, una comedia policiaca en la que (de partida) la estrella era Cybil Shepherd, icono de los 70 con clásicos como The last picture show en su filmografía. Dándole la réplica, un joven actor atractivo aunque no exactamente un galán al uso. Con algo de sobrepeso e incipiente calvicie, aquel Bruce Willis de los 80 poco tenía que ver con las estrellas masculinas del momento (de Richard Gere a Michael Paré).

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Estamos hablando de uno de los grandes creadores de la historia reciente de las series. David Simon. El tipo que inventó The Wire. El guionista de otras grandes ficciones como Treme o Show Me a Hero. Recientemente ha trabajado en La conjura contra América, que adapta una novela de Philip Roth en la que se especula con la posibilidad de que el mítico piloto (y filonazi) Charles Lindberg hubiera llegado a la presidencia de Estados Unidos allá por los años 30.

La imagen que encabeza este artículo es una foto promocional de dicha serie.

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