No agredir a la prensa, por favor

En los salones del salvaje Oeste había un cartel que pedía No disparen al pianista. Pues desde aquí queremos pedir que en Cataluña (y otros lugares donde estallen las manifestaciones indignadas) no se agreda a los periodistas. Vale que los periodistas tengamos lo nuestro y tal vez no seamos los más listos de la clase pero quien está a pie de calle contando las cosas es un currela. Sin más. Un hombre o mujer que hace su trabajo. Bien o mal. 

Y, además, que la imagen de una agresión a la reportera o reportero de turno resulta contraproducente.

Porque desacredita la movilización.

En la noche de este jueves una imagen de reportera bajo una lluvia de objetos y con casco ha resumido las dificultades de la prensa para trabajar.

Está feo.

No hay que tirar objetos a la prensa.

Porque, además, si esto sigue así va a haber una desgracia. 

Podemos ser absolutamente críticos con el modo en que las televisiónes informan sobre Cataluña o sobre el sursum corda pero eso no tiene nada que ver con agobiar al periodista que desarrolla su actividad con la mayor honestidad posible.

Y otro día hablamos de la tendencia de ciertos jefes de redacción a enviar a los leones a sus subordinados, sabiendo que un directo inmerso en una manifestación de alto voltaje se saldará, como mínimo, con un griterío ensordecedor que no resultará informativo. Eso sí, da vidilla al Telediario. Pero eso no es.

Sea como fuere. Reiteramos: no agredir a los periodistas, por favor.

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Recomendaba Lenin acometer "el analisis concreto de la situación concreta" y con Sálvame hay que proceder de manera leninista y que no nos ciegue su hedor a escándalo, barbarie, machismo (lo dijo Paula Vázquez con toda la razón) y crueldad con el débil.

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