¿Por qué Perdidos es la serie más sobrevalorada de la historia?

¡Anatema! ¡Excomunión! Ya se oye a los Verdaderos Creyentes de la Religión Perdidista clamando para que quien discrepe acabe en la hoguera.

Pero la opinión es libre.

Y hasta Perdidos tiene sus detractores.

Otra cosa es que haya que admitir que existen capítulos magistrales, que el modo en que convirtieron la serie en objeto de culto resulta digno de toda alabanza, que los guiones iniciales arrebataban al espectador más escéptico... Y, sin embargo, la serie continuó, continuó y continuó y, al final, hubo que hacer balance y, bueno, en fin, que no es oro todo lo que reluce y vamos a ejercer de abogados del diablo.

Aunque ello nos cueste (lo sabemos) las más horrendas penas del infierno.

Razones por las que Perdidos es una serie sobrevalorada.

1. Sí, al final están todos muertos

Perdidos ¿sí o no?

Por mucho que se empeñen los puristas y mucha mística que se le eche al asunto, el desenlace de Perdidos y el de Los Serrano no están tan distantes como algunos creen. Al final de Perdidos todos están muertos y punto: que si un limbo, que si una travesía espiritual, que si el ojo que se abre y se cierra... La cuestión es que J.J. Abrams y los suyos habían prometido cerrar cada enigma de la serie y lo suyo hubiera sido una pirueta racional y no echar mano del misticismo, que así cualquiera. Casi casi como acabar una peli y que alguien abra los ojos y diga: "Todo ha sido un sueño".

2. Jack era un muermo

Jack is boring

El héroe de Perdidos tenía un punto sosainas de cuidado. Jack era un chico bueno pero su carisma dejaba bastante que desear. De hecho, el pobre Mathew Fox no se ha comido un rosco después de la serie. Mucho más molón y chuleta era Sawyer aunque su personaje se fue desinflando. Nada, los guionistas decidieron que Jack era el que tenía que ejercer de macho alfa (y eso que en el planteamiento inicial Jack la cascaba en el primer episodio). Pero no. Le faltaba algo a este chico.

3. ¿Eran necesarias seis temporadas?

Locke también se lo pregunta

Salvo los más acérrimos pocos defienden que el chicle de Perdidos se pudiese estirar como se estiró a través de seis temporadas. O sea, que la quinta y la sexta resultaron temporadas un tanto agónicas y que, tal vez, con un poco más de síntesis la cosa hubiera mejorado. 

4. Un montón de misterios quedan sin explicar

El proyectito

Cuando un espectador veía Perdidos jugaba con la esperanza de que el puzzle fuese resolviéndose matemáticamente como en una novela de Sherlock Holmes. Pues no. La mayor parte de los enigmas que plantea Perdidos se resuelven atribuyéndolos a experimentos del Proyecto Dharma (el oso polar en la isla) o a malabares místicos (el humo negro). Lo cual a veces funciona (sí) y a veces, por el contrario, apesta a estafa.

5. ¡Inspiró la serie española El Barco!

El Barco o Perdidos a la española

Porque El Barco fue una especie de Perdidos a la española y vale que, al final, acabamos disfrutándola con ese Mario Casas en estado salvaje y un Blanca Suárez que comenzaba a convertirse en estrella pero la serie tenía unos guiones que se quedaban cortísimos y daban un poco de pena. Disculpen la crudeza. Y la culpa fue (también) de J.J. Abrahams.

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6. Los talibanes de Perdidos

Sawyer también está de acuerdo

Y otra de las razones por las que Perdidos está sobrevalorada es (sí) por culpa de los fans más integristas de la serie, que nunca han aceptado la más mínima crítica. Cuando algunos expresaron su decepción con el último capítulo de la serie la horda perdidista se lanzó con furia a destruir a los discrepantes. ¡Libertad de expresión! Porque, a ver, Perdidos es historia de la tele, Perdidos tuvo momentos magistrales, Perdidos formará parte siempre de nuestra memoria sentimental... Pero el derecho a la discrepancia existe. Qué caramba

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Si por algo se ha caracterizado en estas cinco temporadas de The Walking Dead es por llevar a sus personajes a límites que ellos mismos desconocían, tanto físico como mentales. La ficción de AMC, que ya es un clásico de la televisión actual y cuenta con el respaldo de público y crítica, ha encumbrado a varios personajes de esos que serán permanentes en el recuerdo del espectador.

Pelear en un apocalipsis genera mucha empatía en el espectador. Nadie, a no ser que sea un aprendiz de sádico, quiere ver a otro devorado por una criatura del demonio.

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Si todavía hay algún espectador que se pregunta cómo puede triunfar tanto Jane the Virgin, éste está dejando claras dos cosas: no ve la serie y no conoce a su elenco. 

En primer lugar, si viera la serie, ya estaría enganchado, como millones de personas en todo el mundo. ¿Una telenovela que parodia las telenovelas? Es decir, una metatelenovela, es lo mejor que se podía inventar. Pero claro, si a ello le sumas un equipo de actores cercanos, simpáticos y muy, muy, muy cercanos a sus fans, pues miel sobre hojuelas. Éxito asegurado. 

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Hasta la fecham habíamos visto a Frank Underwood medrar en los pasillos de Washington. Se sabe que es un gran tiburón en la política nacional y en el tercer capítulo de esta tercera temporada llega la oportunidad de verlo en el cuerpo a cuerpo con otro gran líder internacional. Es la oportunidad de saber si es animal de grandes ocasiones.

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