¿Por qué nos gustan tanto los talents de cocina?

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Llevan siendo uno de los fenómenos televisivos un buen tiempo ya, y quizá, se hayan instaurada ya casi como un género televisivo viendo los bien que funcionan los fogones en la dura y competitiva parrilla televisiva.

Y más que para muestra un botón, habría que decir que para muestra los datos de audiencia de muchos de estos talent de cocina que tan bien responden en datos de espectadores. Con el ganador de Masterchef 3 recién horneado llega el momento para conocer el por qué programas como ese o Top Chef, Pesadilla en la cocina, Masterchef Junior, Todos contra el chef, Esta cocina es un infierno u Oído cocina han calado tanto entre el público. Quizá quien más lo ha hecho haya sido Masterchef.

Tal vez la clave principal sea enseñar al espectador que él también puede aprender a cocinar como uno de esos afamados cocineros que lucen las estrellas Michelín como premios Nobel. Ver los trucos de la alta cocina hace que más de uno se atreva a abandonar el sándwich y optar por algún plato que exija una elaboración mayor que el tiempo que tarda en comérselo.

Todo el mundo lleva un chef dentro de sí

Además, tienen esa extraña cualidad de hacerle la boca agua al espectador; que, por lo general, no necesita muchas excusas para oír ellos a sus cocinas y acudir a la nevera a reponer fuerzas con la llegada de la publicidad.

Otra de las razones, que pueden explicar el auge de este tipo de formatos es su estilo que anda a mitad de camino entre un reality convencional y un programa de cocina estándar. Esa fusión lleva que se mantenga siempre a la audiencia fiel para saber quién gana.

Pero no hay que engañarse, la selección de coach también es muy importante. Más de una y dos se mantenían fieles a Masterchef por ver a Jordi Cruz, que ha pasado a ser el cocinero atractivo por excelencia.

Aunque, probablemente, la gran razón no sea ninguna de las anteriormente mencionadas, sino sobre todo el hecho de que gusta y mucho criticar cuando alguien intenta hacer algo que en teoría no domina con maestría. Sobre todo si es el que cae mal el que está intentando terminar su gran plato. Si ni siquiera probarlo ya muchos saben que es deleznable.

Y ya se encargarán de contarlo al día siguiente, en el trabajo. Porque sí, esa es otra de las grandes razones por las que se ven los talent show de cocina. El efecto socializador que están teniendo en las últimas fechas es para tenerlo muy en cuenta.

El auge de los talent show de cocina no para 

Y, claro, ver tanto programa de cocina está disparando el ánimo de muchos para intentar ser ellos quienes sorprendan con sus grandes creaciones culinarias. Como ocurría en el ya extinto Hoy cocinas tú de Antena 3 y que presentaba Eva Arguiñano. Que alguien que tiene ciertas habilidades le pongan delante la opción agradar el paladar de otros siempre es tentador.

Si bien, sin duda la razón principal es que España es un país de comida, donde casi todo se hace alrededor de una buena mesa. Así que no extraña nada, que al final guste saber cómo se elabora aquello que se acaba comiendo o aunque en el caso de Pesadilla en la cocina, en ciertas ocasiones, casi que se preferiría no saber nada. Pero el morbo siempre puede.

Fotos: RTVE, Atresmedia, Redes Sociales

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Están aquellos concursantes que cerraron el capítulo de la fama y rehicieron su vida como la de cualquiera, con sus vaivenes y sus aburrimientos y sus angustias y su estreñimiento o diarrea, según toque. O sea, la existencia de toda persona humana (que diría un cura de la Conferencia Episcopal) y, por ejemplo, irse a vivir a Málaga y olvidar que saliste en la primera edición de Gran Hermano gritando "¡quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza! ¡QUIÉN!".

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Decía Karina, con su famoso 'Baúl de los recuerdos', que cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Uuuuhhh. Y razón no le faltaba, pero con matices. Sobre todo en lo que a televisión se refiere. 

Y nada como poner un ejemplo para reforzar esta afirmación. Un ejemplo para el que no hará falta echar la vista demasiado atrás. Tan sólo habrá que viajar a la primera décadas del siglo. Los añorados 2000. 

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