Pedro García Aguado y los casos más complicados de Hermano Mayor

Hermano Mayor y Pedro García Aguado parecían un matrimonio indisoluble; se había convertido ya en un clásico de la televisión en una imagen de Cuatro y de Mediaset. Son muchos los casos de chavales con problemas de comportamiento, con conflictos con sus familias que han pasado a lo largo de estos años por el programa del waterpolista y ahora consejero.  

Pero ahora se pone fin a esa unión; ya que se ha anunciado que Aguado no seguirá al frente una vez que finalice la próxima temporada.

Por ello, es momento de recordar alguno de los casos más recordados de toda la trayectoria del programa de ayuda. Uno de los especiales es el de Iván, un chico  cuya única prioridad en la vida es jugar a los juegos online, pasar horas y horas jugando sin ninguna otra preocupación.

Muchas adicciones y todos con necesidad de ayuda

 El problema se agrava por la violencia con la que se comporta con sus padres (ambos ya mayores), les amenaza, les quita dinero y golpea para obtener lo que quiere. Crea un infierno en casa. Le tienen que poner un vigilante para que no agreda a sus padres y no juegue Al final con la ayuda de David Bustamante se dio cuenta de su realidad.

Otro caso muy complejo fue el de Julio Alberto en la temporada tres; un chaval adicto a las drogas, que le llevaban a tener un comportamiento en casa que rallaba lo paranoide. Un déspota que acusaba a sus padres de todos sus males, les exigía dinero para acabar puliéndoselo en las drogas. Con denuncias por posesión y con análisis constante.

 Ni el centro de desintoxicación le ayudaba, todo el día de fiestas y con problemas económicos en casa. Todo un cóctel de destrucción.  Finalmente Julio vio la raíz de su problema y optó por combatirlo. Hoy ha rehecho su vida e incluso ayudó a otros a través de un libro.

Uno de los casos más impactes, es de reciente emisión, se trata de Ada una chica rebelde, violenta, manipuladora. Capaz de pinchar las ruedas del coche de una amiga y pegarle por una discusión. Era tal su grado de violencia, incluso consigo misma que se rompe el tendón de Aquiles al dar una patada en casa.

Sor Lucía al rescate 

 Fue la primera vez que se interrumpió una terapia. Con ella, aun convaleciente, Pedro retoma la terapia y con ayuda de Sor Lucía Caram le hace ver que su camino puede ser acabar en la calle; lo que le lleva a mejorar su situación. Llora y le pide perdón a su madre por todo lo hecho.

Otro de aquellos chicos que fue todo un reto para Pedro fue el Joan, un joven de 18 años cuya adicción era la comida. No era capaz de poner freno a lo que comía y llegaba ya a 176 kilos. Manipulador e inmaduro finalmente entendió, aunque con mucha dificultad, que era necesario que cambiara sus pautas de alimentación.

Quien tenía también una fuerte adicción era  Dakota que era incapaz de controlar la cantidad de alcohol que bebía. Consideraba a sus padres unos esclavos que tenían que estar a su servicio. Capaz de meterse en pelas callejeras  y estar vetada en los locales. No conseguía asumir la muerte de su hermano y se refugiaba en la bebida. Finalmente pudo ir al cementerio y superó sus problemas.

Son sólo algunos de los casos que Pedro García Aguado y su equipo han logrado descifrar y poder ayudar para que encaucen su vida.

Fotos: Mediaset, Twitter

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Están aquellos concursantes que cerraron el capítulo de la fama y rehicieron su vida como la de cualquiera, con sus vaivenes y sus aburrimientos y sus angustias y su estreñimiento o diarrea, según toque. O sea, la existencia de toda persona humana (que diría un cura de la Conferencia Episcopal) y, por ejemplo, irse a vivir a Málaga y olvidar que saliste en la primera edición de Gran Hermano gritando "¡quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza! ¡QUIÉN!".

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Decía Karina, con su famoso 'Baúl de los recuerdos', que cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Uuuuhhh. Y razón no le faltaba, pero con matices. Sobre todo en lo que a televisión se refiere. 

Y nada como poner un ejemplo para reforzar esta afirmación. Un ejemplo para el que no hará falta echar la vista demasiado atrás. Tan sólo habrá que viajar a la primera décadas del siglo. Los añorados 2000. 

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No cesa la fuga de anunciantes que abandonan Gran Hermano por el caso Carlota Prada, la concursante que denunció haber sido violada en 2017 sin que los responsables del programa hicieran nada. Y Mediaset ha lanzado un comunicado en el que habla de "campaña de desprestigio".  Una campaña que, según la cadena que dirige Paolo Vasile, tiene culpables.

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