Mr. Robot o la nueva revolución seriéfila de los hackers

Todo aquel que, por avatares de la vida, viera el piloto de Mr. Robot, a principios de verano, ha sufrido durante las vacaciones el síndrome del seriéfilo. Ese que te hace esperar, como si no hubiera un mañana, un capítulo más de tu serie favorita. Y es que esta serie engancha desde el primer minuto. ¿Por qué? Por todo. Vaya por delante que no habrá spoiler alguno en todo el texto. 

Para empezar, por su director, Sam Esmail, un tipo con tanto talento para la televisión, como para la seducción... ¡se ha comprometido con Emmy Rossum! Para continuar, por sus protagonistas, encabezados por un Rami Malek (Elliot) que da una masterclass actoral en cada capítulo. Y sí, a pesar de Christan Slater, el producto funciona correctamente. 

Pero si hay algo que sobresale en este thriller es su trama, su forma de contarlo y su mensaje de fondo, más real de lo que pueda parecer. A saber, la serie nos presenta a Elliot, protagonista y voz en off de la historia. Un descomunal técnico de seguridad que por la noche se convierte en el hacker de los pleitos pobres, delatando a delincuentes. 

Evil Corp para los amigos

No obstante, el objetivo final de Elliot es acabar con E-Corp, una multinacional que controla medio mundo y en la que trabajaba su padre. Su único problema, que es esquizofrénico, paranoico y esto siendo generosos. Un problema que para el espectador se convierte en una bendición, porque Elliot te hace partícipe de sus pensamientos en todo momento. Inquietante e hipnótico a partes iguales. Muy a lo Twin Peaks, pero con Internet. 

Tras nueve intensos capítulos, emitidos por USA Network, el pasado 26 de agosto, estaba prevista la emisión de la season finale: Zero Day. No pudo ser. La cadena decidió suspender el capítulo porque una de sus escenas se asimilaba mucho al asesinato de los dos periodistas días antes, en plena conexión en directo. 

Sí, así es Mr. Robot, cruda, directa, impactante. No se anda con rodeos. Busca remover conciencias, despertar al espectador y hacerle ver una realidad que ya dibujaron otras joyas como El club de la lucha. Sí, podemos decir que Elliot es el Tyler Durden de la serie, si obviamos el atractivo de Brad Pitt y Rami Malek. 

Season finale suspendida

Y sí, la escena por la que fue suspendido el décimo y último capítulo de la primera temporada es impactante. De las que tardas en olvidar. Y eso es bueno. Muy bueno. Como Mr. Robot. A pesar de Christian Slater. 

Un caramelito que, tras los elogios casi unánimes de crítica y público, ha sido renovada para una segunda temporada que llegará el año que viene. Sam Esmail ya ha confesado que el cliffhanger del último capítulo será clave para la próxima entrega y que BD Wong, uno de los personajes más excitantes de la serie, aunque espisódico, tendrá más peso en la segunda temporada. Todo buenas noticias. A pesar de Christian Slater. 

Eso sí, buenas noticias en las que no podrás participar si no ves esta joya de diez capítulos que se ve en dos días. Sí, a pesar de Christian Slater. 

Fotos y vídeo: USA Network

Ver resumen Ocultar resumen

Felicitación a la actriz y llamada al voto

Ver resumen Ocultar resumen

Ha sido una gala extraña, presentada por Jimmy Kimmel, pero sin alfombra roja y con galardonadas y galardonados recogiendo sus premios a distancia, entrado a agradecer por vídeo y, en fin, como de semiconfinamiento. Emmy 2020. Los premios del año de la peste. Y Zendaya entre las grandes ganadoras: mejor actriz dramática por Euphoria, una de las series de la temporada.

Ver resumen Ocultar resumen

¿O tal vez usted ha olvidado aquella maravillosa comedia con alce en su cabecera? ¿Que ni siquiera la vio? Pues era una serie sobre un médico neoyorquino que acababa destinado en Cicely, una pequeña población de Alaska repleta de personajes peculiares. Porque, según descubrimos en esta ficción televisiva, Alaska es un lugar raro de Estados Unidos (al norte del norte) donde mucha gente escapa para comenzar de nuevo o practicar sus excentricidades mirando a los alces y sin que nadie les moleste.

Páginas