MasterChef: cocina de altos vuelos, relevos, mucha lata y Víctor eliminado

El programa número siete de la tercera edición de MasterChef comenzaba con muchos nervios y con los concursantes repartidos en parejas. Cada dúo tenía que hacer con relevos, un pan y un capón relleno con su salsa y su guarnición.

Las parejas de baile eran muy dispares: Lidia y Víctor, ambos con mucho carácter. Mila, tranquila y que va a su bola en la cocina con Antonio, un tipo marchoso y con compañerismo. Sally, la que más formación culinaria tiene y Fidel, el que más ganas de aprender tiene. Carlos, el tipo duro y Andrea, la cuqui. Y Kevin y Pablo: los dos están en la cuerda floja. El jurado del programa los pone juntos para ver si unidos hacen algo bueno.

El panadero Jordi Morera les explica como se hace una buena masa de pan, pero esto no le quita estrés a la prueba porque los dos perdedores irán directamente a la prueba de eliminación.

Con los nervios a flor de piel, Fidel pide que no le chillen más, Mila y Antonio montan un show para deshuesar el capón, y entre Andrea y Carlos se respira compañerismo.

Ellos, La bella y la bestia, según el propio Carlos, ganan esta prueba. Carlos y Andrea consiguen hacer un pan trenzado con jamón perfecto, un capón correcto y una buena presentación.

En el lado contrario Pablo y Kevin: un desastre. Han dejado la puerta del horno abierta, el pan está crudo. El capón por dentro está sin hacer… Según Pepe Rodríguez: habéis estado demasiado lentos. Un poco de nervio, de garra, ha faltado.

Prueba por equipos con inmejorables vistas

Para la prueba por equipos todo el equipo de Masterchef se desplazó al Parque Nacional del Teide. En este marco incomparable los equipos azul y rojo debían de cocinar dos platos canarios cada uno para un total de 80 comensales. Todos expertos en vino y en cocina de la tierra.

Los capitanes, curiosamente, serían los perdedores de la anterior prueba: Kevin en el equipo rojo y Pablo en el azul. Los comensales quedan encantados con los platos del equipo azul pero no les gusta nada el bienmesabe de Kevin. Gana por goleada el quesillo de los de Pablo y será ese equipo el ganador.

Los campeones de la prueba tienen como premio una clase en Madrid con Diego Guerrero, chef con una estrella Michelín. Los perdedores van a la prueba de eliminación.

Pablo se libra de la prueba de eliminación y convierte sus lágrimas de anteriores programas en una espléndida sonrisa. En esta ocasión es Kevin el de los llantos y los lamentos.

La prueba de eliminación da la lata

Y llegamos a la prueba de eliminación con: Kevin, Víctor, Fidel, Andrea y Mila. Cada uno de ellos deberá elaborar un buen plato elaborado con 80 latas de conservas sin etiquetar.

Tortillas rellenas, crema fría, pimientos del piquillo rellenos con mousse de espárragos o berenjenas con salsa holandesa son algunas de las propuestas de los concursantes.

Tras la preparación llegaba la cata. Kevin y las chicas (Mila y Andrea) son los que se salvan, a pesar de que tienen platos limitaditos, según el jurado.

Quedan Fidel y Víctor. Y finalmente, es el malagueño Víctor el que tendrá que dejan su delantal en MasterChef.

Se va dando abrazos y regalando sonrisas. Y en su charla con la presentadora del concurso, Eva González, asegura que seguirá adelante con su empresa de ambientadores y que intentará abrir un restaurante con su socio y con su hermano.

Como ganador de Masterchef, Víctor se decanta claramente por el toledano Carlos, del que, entre bromas, dice que se está poniendo gordito. Eva González dice que no, Que Carlos está fuerte y que cada vez que Carlos quiera puede enseñarle sus abdominales. A lo que él responde: ¡cuándo quieras!.

Divertido el final del programa de Masterchef que termina, también con el sevillano Antonio gritando desde la galería que eso de la rivalidad Málaga-Sevilla es mentira.

Lo mejor es que Víctor se va contento y apuntando que: en la parte culinaria no pensaba yo que me iba a ir sabiendo tanto.

Fotos: Twitter.

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Decía Karina, con su famoso 'Baúl de los recuerdos', que cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Uuuuhhh. Y razón no le faltaba, pero con matices. Sobre todo en lo que a televisión se refiere. 

Y nada como poner un ejemplo para reforzar esta afirmación. Un ejemplo para el que no hará falta echar la vista demasiado atrás. Tan sólo habrá que viajar a la primera décadas del siglo. Los añorados 2000. 

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