Making a Murderer vs The Jinx: los ricos también lloran (pero menos)

"Puedes estar seguro que en tu vida cometerás un crimen, pero no puedes estarlo de que no serás acusado de haber cometido uno". Esta declaración lapidaria, realizada por Jerry Buting, abogado defensor de Steven Avery, resume a la perfección lo que Making a Murderer y The Jinx le contaron al mundo el año pasado. 

Casualidades de la vida, 2015 nos ha traído estos dos documentales serializados, de la mano de HBONetflix (que este 2016 va a estrenar 30 series), respectivamente. Dos historias, al más puro estilo Crímenes Imperfectosen los que narra la historia de dos presuntos criminales que afrontan juicios que les pueden condenar a cadena perpetua fácilmente. A partir de aquí, empiezan los spoilers.

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Dos historia paralelas pero muy diferentes que te golpean en el estómago varias veces durante cada capítulo. En menos de cinco minutos puedes ilusionarte, decepcionarte, enfadarte, volverte a ilusionar. Sí, un carrusel de emociones que consigues porque acabas por empatizar con muchos de los personajes. Y eso es lo que se pide a una buena historia. Dos en este caso. Aunque ya te recomendamos otras 20 series para ver, a pesar de que mucha gente las infravalore.

The Jinx

The Jinx llegó a HBO en marzo, con seis intensos capítulos de gran calidad narrativa y un final apoteósico. La historia se centraba en Robert Durst, miembro de una de las familias más acaudaladas de Nueva York, quien estaba acusado de no uno, ni dos... ¡sino tres asesinatos

El primero, en 1982, la misteriosa desaparición de su esposa. El segundo, de Susan Berman, amiga íntima suya, en el año 2000. Y el tercero, y más torticero, en 2001, cuando Durst acabó con la vida de Morris Black, un vecino suyo en ese momento, cuando ya estaba huido de la policía. 

Pues bien, de la mano del director Andrew Jarecki, responsable de la película All the good things (2005)basada en la vida del propio Durst, los seis capítulos repasaban la historia de este pobre niño rico y sus circunstancias. Circunstancias que le llevaron a un juicio, por el asesinato de Morris, pero no por el de las mujeres, a las que Robert Durst seguía negando haber matado

Asesino confeso pero no va preso

Juicio que, además, pudo solventar, demostrando que la muerte y posterior desmembramiento de Morris Black estaban justificados. ¿Resultado? Absuelto del tercer homicidio, no imputado por los dos anteriores y, gracias al dinero que pagó a los mejores abogados posibles, y que pagó las fianzas, Durst no pasó más de dos noches en la cárcel

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No sabemos si por vanidad, para regodearse de ser más listo que la justicia o por pura inconsciencia, Robert Durst accede a hacer este documental para HBO. Durante meses, Jarecki charla con Robert Durst, hasta conseguir 25 horas de metraje en las que el criminal se sincera, salvo en lo que respecta a su ex mujer y su amiga. 

Pero hete aquí que el bueno de Jarecki y su equipo, consiguen lo que no hicieron los investigadores de los tres casos: conseguir una prueba que involucre a Durst. Una carta, una errata y una letra, la E, dejan a Durst con el culo al aire. Es más, en un descuido épico, éste confiesa al micro, sin saber que está conectado, que él mató a las tres personas

Más de 30 años han tenido que pasar para que se haga justicia con el protagonista de esta serie quien, por cierto, fue detenido el día antes de la emisión del último capítulo. Justo cuando se emitía la confesión. Recientemente, Robert Durst se ha declarado culpable y, a sus 72 años, apunta a que terminará sus días en prisión. 

Making a Murderer

Y precisamente eso es lo que tiene Robert Durst en común con Steven Avery, que van a pasar el resto de sus días en prisión. Y ya. Porque la historia de Making a Murderer, el pelotazo de Netflix, poco tiene que ver con la de HBO. 

Steven-Avery

Para empezar, Steven Avery cambia el glamour de Nueva York por Manitowoc, una pequeña ciudad, al norte de USA, en el condado de Wisconsin. La América más profunda y rancia, queda reflejada en los 10 capítulos del serial en todos sus estamentos. 

El documental arranca allá por 2005, cuando Moira Demos y Laura Ricciardi, estudiantes de cine (algo que se nota en la grabación y la narración, sobre todo si se compara con The Jinx), escuchan hablar de Steven Avery en los medios. Ni cortas ni perezosas, se van a Manitowoc a contar su historia. 

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La historia empieza en 1985, cuando un joven Avery, de 23 años, es acusado y encarcelado por violar e intentar asesinar a Penny Beerntsen. Acusación que, 18 años después, se demuestra errónea, gracias a una prueba de ADN que se ha perfeccionado con los años. ¿Resultado? Steven Avery sale de la cárcel con 41 años, con 18 años y una familia de cuatro hijos perdida

Demanda clave

Ante las irregularidades que se aprecian en el juicio que le condenó por un crimen que no había cometido, Steven Avery decide demandar al Manitowoc por 36 millones de dólares (un millón por año y 18 por daños). Una cantidad que habría dejado a la ciudad en estado ruinoso. 

Steven-Avery-libre

Ahí es cuando las directoras iban a dar por concluido el serial, cuando una noticia hace que cambien de parecer. La fotógrafa Teresa Hallbach, ha sido asesinada y sus restos se han encontrado en una fogata junto a la casa de Avery. De nuevo, Steven ante la Justicia que ya le falló hace años, y de nuevo, declarándose inocente. 

La diferencia con la primera vez es que no le acusan a él solo, sino también a su sobrino Brendan Dassey, de cómplice en el asesinato. Pues bien, a lo largo de los nueve capítulos siguientes al piloto, la serie describe de forma detallada, precisa y claramente sesgada del lado de la familia Avery, cómo fue el proceso judicial al que se enfrentaron los dos acusados. 

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Baste con decir que una de las defensas más brillantes que podrá ver un espectador (y ésta no fue ficción), no pudo cambiar un ápice una decisión que parecía tomada desde el minuto uno. Pruebas circunstanciales que aparecen de forma sospechosa, acusaciones de corrupción policial, confesiones bajo coacción, un fiscal con poca ética (como queda demostrado en el último capítulo) y una familia, los Hallbach, con más cosas por explicar de las que se cuentan. 

Empatía con el acusado

Capítulo tras capítulo, el espectador empatiza más y más con Steven Avery y toma conciencia de que ha vuelto a ser incriminado. Y claro, cuando se va viendo que no hay opción de evitar la cadena perpetua, el cabreo es supino. La frustración que deja cada episodio, es proporcional a la fuerza mental del acusado para mostrar su inocencia. Eso sí, siempre desde la cárcel. Ésa que nunca pisó Robert Durst, hasta que no le pilló el director de su documental. 

Steven-Avery-acusado

El sabor de boca que deja Making a Murderer es malo. Rancio. El de un sistema judicial corrupto en Manitowoc que prefiere sesgar la vida de un hombre inocente, dos veces, a investigar lo que ocurrió en realidad, por las consecuencias que pudiera tener para ellos. 

Una familia rota, una vida sesgada y un apellido maldito de por vida. Eso sí, el espíritu luchador de Steven Avery, no le han permitido pudrirse en la cárcel sin más. A día de hoy, a sus 53 años, sigue clamando justicia. De hecho, aprovechando el hype de la serie, ha pedido a los fans de la misma que, por favor, realicen todas las pruebas forenses posibles porque es inocente. 

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Lo cierto es que la opinión pública se ha posicionado de su parte en gran medida. El problema es que esto no es Gran Hermano y el voto del público no cuenta. Lo que sí puede contar es que, con la información que ha dado el documental (se grabaron más de 700 horas de metraje), más de uno ya ha encontrado alguna pista que podría derivar en la revisión del caso. Mientras llega, Steven Avery ya acumula 28 años en la cárcel, por dos crímenes que no cometió. 

Fotos: Netflix y HBO

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Desde su nacimiento en 1968 a su disolución definitiva en 2018

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