Los verdaderos (y sorprendentes) nombres de algunos famosos

Ocurre, con frecuencia, que el nombre que a alguien le ponen sus padres al nacer y que queda  en el registro no les gusta en su etapa adulta y deciden cambiárselo. Lo acaba provocando, en ocasiones más de una discusión familiar y enfado.

Pero esta situación es aún mucho más frecuente entre aquellos que acaban siendo famosos. Hacen sus primeros castings y un representante les aconseja, que lo mejor que puede hacer para triunfar es ponerse un nombre diferente, que enganche y que le haga ser alguien especial.

Y así ha ocurrido a lo largo del tiempo, como puede ser el ejemplo de Michael Keaton. El hombre que se embutió en  la piel de Batman sí que usa su nombre real, pero no así el apellido. En su caso, es lógico que lo cambiara pues si no lo hubiera hecho coincidiría con otro actor y muy famoso, además, como es Michael Douglas.

En el mismo estilo de cambiarse el apellido pero mantener el nombre está Winona Ryder. La actriz, cotizada en las comedias románticas, creyó que su apellido paterno era poco comercial y optó por dejarlo de lado como segundo nombre. Ya no sería más Winona Laura Horowitz.

También de origen judío es la oscarizada Natalie Portman, que en su caso optó por cambiarse nombre y apellido. Y es que su nombre real Neta-Lee Hershlag no quedaría muy bien en las cartelerías, o eso creyó ella.

Cambiar el nombre y apellido es tendencia en Hollywood

Luego, hay otras ocasiones en la que la actirz y en este caso cantante, opta por mantener su apellido (que además es original) pero opta por cambiarse el nombre de pila. Así lo hizo Miley Cyrus que se llama en realidad Destiny Hope. Ese es su nombre y no Hannah Montana como muchos aún creen.

Se ha visto que algunos prefieren cambiarse el nombre; otros el apellido y la tercer opción es Whoopi Goldberg, que ni tiene ese nombre, ni es ese su apellido. La que fuera una de las actrices más habituales en los 90 tiene por nombre real Cayrn Elaine Jhonson. Lo dicho, nada que ver.

En Ghost debía de ser habitual el tener un nombre artístico, pues si Whoopi Goldberg no respondía por su nombre real, tampoco lo hacía su protagonista Demi Moore. Y es que la actriz que fue una teniente o tuvo una proposición indecente sí que mantiene su nombre de pila, pero deja a un lado su apellido Guynes.

Hay cambios de nombres que pueden doler a la familia

A saber si sus padres se enfadaron por dejar olvidado el apellido familiar. Quien no tendrá ese problema es Charli Sheen, que en realidad responde al nombre de Carlos Irwin Estevez, pero es que en su caso lo que hizo fue continuar la veda abierta por su padre Martin Sheen. El veterano actor dejó de lado su nombre de Ramon Antonio Gerard Estévez, que dejaba bien a las clara su origen hispano.

También queda difuso el origen de Nicolas Cage, pues al desvelar su apellido real se delata que pertenece a una ilustre familia del cine. Su nombre real es Nicolas Kim Coppola. Y sí, es sobrino del genial director.

Pero para cambio de nombre que se lleva la palma es Vin Diesel, que ni tiene ese apellido, ni tampoco el nombre. El musculado actor, protagonista de Fast & Furious es realmente Mark  Sinclair Vincent. Y es que como bien se sabe en el cine no todo es lo que parece, ni siquiera el nombre de los actores.

Fotos: Gtres, Redes sociales 

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Están todos los nombres que componen el dream team de la derecha mediática española más recalcitrante, como un Escuadrón Suicida con Javier Cárdenas a la cabeza y detrás desde Javier Negre y Cristina Seguí hasta Albert Castillón, Carlos Cuesta, Alfonso Rojo o el mismísimo Juan Carlos Girauta.

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Dice un sacerdote de Rhode Island, Estados Unidos, que el aborto es "una matanza de niños inocentes" y que es incluso peor que la pedofilia. Según el reverendo Richard Bucci de la Iglesia Sagrado Corazón, la pedofilia "no mata a nadie" y el aborto, por contra, "sí"

"Esto no quiere decir que el abuso no sea algo horrible", matiza el sacerdote en una entrevista concedida a NBC WJAR. Sin embargo, a su juicio, la decisión de abortar es peor que la de abusar de menores.

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Vaya por delante un punto importante del penalti de José Luis Martínez Almeida. 

Con el reglamento en la mano, el lanzamiento no habría sido gol, pues una vez lanzado el penalti, nadie puede tocar el balón hasta que éste no es parado por el portero o rebota en algún poste o larguero. 

Es decir, el penalti que tiró el alcalde de Madrid debió ser anulado

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