House of Cards 3x02: La humanización de Frank Underwood

Durante dos temporadas de House of Cards, ni una sola lágrima había derramado Frank Underwood. Al menos, nunca se le vio abatido. Siempre era el rostro de la victoria, aunque no fuese el favorito (uno de los siete motivos por los que adoramos a Frank Underwood). Hasta el segundo capítulo de esta tercera temporada.

Frank sigue inmerso en su nueva obsesión que es lograr que el programa América trabaja funcione, que se creen los diez millones de puestos de trabajo y necesita contar con el apoyo de su partido primero y del Congreso después. Pero no sólo es que no estén con él en su ambicioso y temerario plan, sino que quieren su cabeza.

En la primera reunión, le piden que ponga fin a su mandato en 18 meses, que no opte a la reelección. Nadie de la dirección del Partido Demócrata le quiere al mando. Un duro revés para el débil presidente. Para muchos sería su tumba, para Underwood es un acicate.

Manual Underwood

Ante tal situación, decide intentar convencer por su cuenta a los dirigentes del partido. Es su especialidad, medrar; hacer que los otros acaben comiendo de su mano. Pero esta vez da en hueso. A quien creía cercano, no lo es y le niega la mano. Opta por cambiar de estrategia y que los donantes que financian la campaña le apoyen. Vuelve a fallar. Esta vez Underwood parece que sí tiene un pie en la tumba política. 

Y es ahí cuando se derrumba, y vemos por vez primera a un Underwood humano, débil e incapaz de solucionar el conflicto. Y ahí es Claire quien mantiene la calma y le hace (con sexo incluido) recuperar el ánimo.

Además, ella no puede ver como el proyecto político y vital construido por ambos se viene abajo tan pronto. Claire cuenta con que Underwood no obtenga la victoria en las siguientes Elecciones Presidenciales, pero antes necesita relanzar su carrera política. Recuerda mucho a Hilary Clinton. Si Frank estaba tocando todos los timbres para obtener el favor de la reelección Claire iba a hacer lo propio para que los Senadores le dieran el visto bueno como embajadora de Estados Unidos ante la ONU.

Pero aquí ella también pierde. En parte, por culpa de Mendoza, el senador republicano que se atisba como rival de Underwood de cara a las Presidenciales, si éste logra presentarse. El matrimonio, por primera vez en mucho tiempo, está fuera de juego. Sus ambiciones y su manera de persuadir no han surtido efecto.

¿Hundidos? Nunca

Pero si algo ha aprendido cualquier seguidor de House of Cards en todo este tiempo es que los Underwood nunca se rinden. Son como el ave fénix, resurgen de sus cenizas. De aprovechar cualquier grieta para adentrarse en su objetivo. Así es como Frank diseña una estrategia, un truco de magia casi, para hacer creer a todos que no se presentará. Su único objetivo es que el sueño americano vuelva cobrar sentido.

Su proyecto de América Works será su meta en los 18 meses que le quedan de mandato. A cambio ofrece su cabeza a la dirección del partido. En un discurso apelando al orgullo americano anuncia su no reelección. Underwood en estado puro. Hacer creer algo a alguien para que acabe haciendo lo que él quiere. Se admiten apuestas. ¿Acabará Underwood optando a la reelección? Lo contrario casi sería una sorpresa. 

Fotos: Netflix

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En Friends no existían los problemas raciales ni la discriminación por ser mujer y lo gay tampoco resultaba problemático siempre y cuando se redujese a un buen motivo de chiste.  El mundo era un lugar plácido donde sentarse a esperar el futuro. En los años 90 el día de mañana iba a ser inevitablemente mejor. No tenían duda acerca de ello las chicas y chicos de Sensación de vivir en su soleado instituto californiano.

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La fiebre del cambio de hombre a mujer o de mujer a hombre o cómo se quiera continúa por obra y gracia de FaceApp, esa aplicación que nos hizo vernos en la senectud y ahora da la vuelta a nuestra apariencia de nuevo. Y Star Trek ha entrado en juego. Lo cual siempre resulta gratificante.

Ha sido William Shatner, el celebérrimo capitán Kirk, quien ha jugado.

¿Y si se hubiera tratado de una capitana?

Pues así hubiera lucido.

Ale hop.

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Vale, muy bien, vivimos la Edad de Oro de las series y bla bla bla pero la televisión no se inventó con Los Soprano y The Wire. Ni siquiera con Juego de tronos.

Hubo vida antes de todo eso y hubo series, queridos millennials, que mantenían a vuestros abuelos, padres y tíos mayores pegados al televisor semana tras semana.

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