Grandes escenas del cine que fueron improvisadas

Hay escenas que son historia del cine; que incluso pasan al ideario colectivo. Sólo basta recordar las palabras del actor o actriz en una escena y, en ese preciso instante, se agolpan los recuerdos. Unos cuantos segundos que se convierten en inolvidables y, claro, muchos creerán que eso es producto de que detrás de esa toma, detrás de esas palabras del actor, de la intepretación y, tal vez, de los silencios hay un estudiado guión. 

Y así ocurre en muchas ocasiones; pero también, y ahí reside parte de la grandeza del séptimo arte, son producto de la ocurrencia de un intérprete; de una improvisación que acaba amoldada en el conjunto del filme. A veces encaja tan bien que acaba siendo sello de una película. 

En el fondo, no se es un grande de la actuación si no se mete alguna morcilla, y hay casos legandarios de hecho. Y si no que alguien repase el maravilloso monólgo de Robert de Niro en Taxi Driver. El oscarizado actor tenía que hacer un diáologo consigo mismo mirando al espejo. No había ninguna indicación más de Scorsese, que sabedor de la capacidad del actor le dejó improvisar. Así que toda esa catarata de gestos y su ya mítico You talking to me estaban sólo en la mente de Robert de Niro. 

Los grandes siempre lo hacen 

Quizá lo aprendió al convivir con Marlon Brando en El Padrino; y es que el hombre que dio vida a un Vito Corleone ya anciano era un adicto a la improvisación. De hecho, una de las escenas más gloriosas de esa cinta es cuando él recibe en su despacho a Amerigo Bonasera. Éste le pide matar a quienes abusaron de su hija. La respuesta de Brando es de sobra conocida y ya es historia del cine. Lo que tal vez no lo sea tanto; es que ese gato que acaricia don Vito ( es un gesto ya al referirse a la mafia) fue una idea de última hora de Ford Coppola. El felino se coló en el rodaje y el director vio la oportunidad de que el actor se luciera y a fe que lo hizo. 

Como también se lució -tanto que le premiaron con el Oscar- Anthony Hoplkins en El silencio de los corderos. Cuando él describe su pasión por la carne humana, con esa extrema frialdad que aterra al espectador aún le quedaba al actor algo que aportar; para hacer Hannibal Lecter aún más siniestro. Ese sonidito cual serpiente final fue una genialidad. 

Aunque para terror improvisado el que desata Jack Nicholson en El resplandor. Y es que la que para muchos es la escena con mayor tensión en el mundo del cine fue obra del propio actor. Sí, ese Here's Johnny! mientras golpea con un hacha la puerta fue brillante. No tanto la traducción al castellano en la que se cambió por un más insípido ¡aquí está Jack! 

Kubrick, el director que dejaba fluir 

Una improvisación permitida y fomentada por Kubrick  como también hizo en La Naranja Mecánica. La ya clásica escena Malcolm McDowell cantando Singing in the rain fue prodcuto de que el actor no sabía ninguna otra canción que cantar. Quedó tan satisfecho el director, que la incluyó en el metraje, e incluso compró los derechos para poder emitirla. 

Y otra película de Kubrick en la que reina la improvisación es en La chaqueta metálica. Fue tal el grado, en este caso, que el actor R. Lee Ermy no iba a aparecer en escena; sino que iba a mostrar sus dotes de instructor de reclutas a los extras. Quedó tan bien, que la mitad de lo que suelta por su boca en la película es pura improvisación. 

Tan bien como las escenas de Joker en El caballero oscuro. Y es que Heath Ledger dejó su último gran papel antes de morir y lo hizo con la improvisación por bandera. Tras la explosió del hospital todo los gestos que hace son de cosecha propia. 

Como de cosecha propia o de sangre propia podría hablarse de Di Caprio y su papel en Django, desencadenado. En una de las discusiones cumbre de la película el actor golpea con fuerza una copa. La sangre que viene a continuación no es fingida. Es propia y él decidió seguir con ella adelante.Y aún así Leo volvió a no ganar el Oscar. 

Fotos: Redes sociales

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