Diego Tristán y otros futbolistas a los que no les importó la dieta

Ser un un futbolista de élite, de esos que llegan a jugar partidos grandes de Champions; de esos que son convocados por sus selecciones para una Copa del Mundo, y de esos que pasan al recuerdo de los afcionados exige tener talento natural -sin ello parece casi imposible llegar- y una gran capacidad de esfuerzo y entrenamiento. 

Los hay que del gimnasio hacen una segunda casa o incluso se lo mandan construir en la suya propia. Esa estirpe de jugadores que adoran la dieta y la mancuerna proliferan por muchos equipos (aquí hay varios casos que se excedieron un tanto).

Al colgar las botas sube el apetito

Pero hay oto tipo de jugador: aquel que odia el entrenamiento, que lo hace porque no le queda más remedio. Decía Romario que él para rendir en el campo no tenía que entrenar. Eso sí, necesitaba salir de juerga por la noche para poder luego ser el goleador que era en el campo.

Algo parecido debió de pensar Diego Tristán. El delantero sevillano que fue internacional español y acudió al Mundial de 2002 ha reaparecido estos días. Y llama mucho la atención su actual estado de forma. No decimos que sea algo alarmante como  Paul Gascoigne.

En el caso del que fuera estrella del Deportivo de La Coruña llama la atención los kilos que ha subido. Y las tallas. Porque con la cintura que ahora se gasta complicado tendría volver a entrar en los pantalones de cuando jugada.

Pero el caso del punta andaluz no es el único. Ni mucho menos. De hecho, en los 60, 70 y 80  muchos de los jugadores ya tenían algún kilito de más estando en activo. Pero era un época de patillas larga y pelo en el pecho. 

De la misma quinta que Tristán es Javier De Pedro; aquel formidable zurdo de la Real Sociedad que también fue internacional español en el Campeonato del Mundo de Corea y Japón. El donostiarra dirá que ya corrió mucho en su vida y que los pinchos del norte están estupendos. Su figura da fe de ello.

Como la de otro zurdo de seda como Davor Suker. El croata que jugó en el Sevilla y Real Madrid también fue un habitual de las páginas del corazón. No en vano, su affaire con Ana Obregón fue muy comentado allá por mediados de los 90. El delantero fue uno de los hombres importantes de la artista, pero quizá no el que más. 

Otros siguieron el mismo camino

Ahora no sabemos si Ana Obregón reconocería a su ex novio; pues el actual presidente de la Federación de fútbol de Croacia es de los que tienen buen apetito.

Algo similar al de Javi Moreno. El delantero que triunfó en el Alavés y fichó por el Milan, ya tenía problemas de peso en su etapa como jugador. Y tras colgar las botas subió inmediatamente de talla.

Caso similar al de Ronaldo Nazario o Adriano. El ex del Barça y Real Madrid lucía un cuerpo fibroso en sus inicios, pero en el ocaso de su carrera su barriga ya era más que evidente. Algo que ha llevado al crack brasileño a intentar perder peso de mil y una formas. 

Sea como sea, aunque tenga unos cuantos kilos de más siempre será 'El fenómeno'.

Fotos: Twitter/Instagram

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Marcos de Quinto (Ciudadanos) se ha convertido en protagonista de las últimas jornadas por sus insultantes manifestaciones contra la inmigración a través de Twitter y sus últimas palabras han encontrado la respuesta perfecta en un tuit de Quique Peinado.

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Las cosas de Twitter. Semejanzas físicas. Políticos de vacaciones. El verano pasado fue Albert Rivera quien se dejó una barba vacacional leve pero rotunda. Este 2019 ha sido Pablo Casado quien ha decidido descansar de la cuchilla y abandonarse al modo salvaje. Y ha habido quien le ha sacado un parecido razonable.

A ver si lo adivinan.

Pablo Casado con barba se parece a Maluma.

Eso, al menos, opina el tuitero Malacara, experto en caústicas ironías con acento propio.

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Ya lo decía Bertín Osborne en una entrevista con Julia Otero en 1988 que de feminismo nada porque "España es un país desarrollado". Que eso de luchar por la igualdad, incluso entonces, no tenía sentido y que, además, "las machistas sois vosotras", decía refiriéndose a las mujeres.

"Cualquiera os quita vuestros privilegios", argumentaba el de Buenas noches, señora, y que "bastante" tenía él con aguantar que, de vez en cuando, "alguna me diga esa tontería".

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