Bryan Cranston vuelve al mundo de la droga con The Infiltrator

Con Breaking Bad descubrimos a Bryan Cranston convertido en Walter White; lejos quedaba su papel de padre alocado, irresponsable, divertido e inolvidable que contemplamos durante varias temporadas en Malcolm.

Ahí no es que fuera uno de los mejores padres del mundo, ni mucho menos; sí uno de los personajes más carismáticos de la serie. Además, en el mercado laboral no era un avezado, pero al menos se alejaba del mundo del hampa, que después tanto frecuentó en Alburquerque. 

Con Heisenberg moldeó a un capo del narcotráfico, que disfrutaba siéndolo, que anbsiaba el poder y que amaba el reconomicimiento, después de una vida de sinsabores y fracasos, coronada por la detección de un cáncer terminal. 

Un regreso al mundo de la droga

Ahora, el actor que incluso ha optado a alzarse con una estauilla dorada por Trumbo, vuelve a estar relacionado con el mundo de la droga con su nuevo trabajo.

Pero esta vez no cocinará metanfetamina azul, sino que ahora será un agente de la DEA (esa que le perseguí tanto a él) Robert Mazur que durante los años 80 persiguió y ayudó a dar captura a uno de los narcotraficantes más importantes del mundo y su entramado financiero. Una especie de Narcos en versión cinematográfica y con Brad Furman en la dirección.

The Infiltrator está basado en la autobigrafía de de Mazur; en la que el policía narra su experiencia como hombre clave de la organización criminal del narco colombiano. Él, con su alias de Bob Musella, se convirtió en una parte imprescindible del engranaje que lograba lavar y blanquear el dinero del narcotráfico. 

Estreno en verano

Para intentar darles captura organizarán una boda, a la cual va a acudir los más granado de los carteles colombianos. Unba historia de accón, intensa (al menos eso desvela el primer tráiler) y con un reparto que cuenta con nombres como Benjamin Bratt, Diana Kruger, John Leguizamo y Jospeh Gilgun. 

Un filem que llegará el próximo verano a las salas de cine de Estados Unidos y que a buen seguro haría que Walter White no estuviera muy orgullo de Bryan Cranston. 

Fotos: Redes sociales

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Cuando vuelva el cine y el teatro habrá que adaptarse a nuevos usos en tiempos de pandemia durmiente y dejar que corra el aire. O tal vez (al paso que vamos y tal y como hemos tomado al asalto las terrazas en las ciudades, como si aquí no hubiera pasado nada) volveremos a amontonarnos en las salas y a tosernos en las palomitas unas a otros y otros a una. Esperemos que esto último sí que no. Sea como fuere, ya hay teatros y cines que están tomando medidas. Tendrán que abrir con su aforo limitado y normas de separación.

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Se han recrudecido las caceroladas en la calle Núñez de Balboa, sita en el madrileño barrio de Salamanca y epicentro cosmológico para una burguesía que Manuel Longares en su magnífica novela Romanticismo calificaba de "improductiva". Burguesía improductiva quizás pero con ganas de montar bronca debido a que un virus ha matado a muchos españoles y resulta que la culpa es de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. El razonamiento puede que parezca de lo más churrigueresco pero si preguntan a su cuñado (o a Pablo Motos) seguro que se lo explica bien.

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