Anécdotas inolvidables de la Lotería de Navidad

Este martes 22 de diciembre se da ya el pistoletazo para el inicio de la Navidad. ¿Cuál es la razón? Pues como sucede cada año, en esta misma fecha desde hace dos siglos llega el turno del tradicional sorteo de la Loteria y con él toda la ilusión para hacer millonario, antes de las fiestas navideñas y poder tapar agujeros, como siempre se dice. Ya habíamos visto el anuncio de este año, con Justino y sus maniquíes. Ahora es el turno para que los bombos saquen sus bolas. 

A lo largo, de todos estos años, y más con la proliferación de las redes sociales y de la importancia de las televisiones, ha habido grandes anécdotas del día del sorteo. E incluso las ha habido inventadas como sucedió hace siete años. A Jordi Évole se le ocurrió que el día del sorteo era un buen momento para tomar el pelo a la prensa, en particular, y a todos los espectadores en general. 

El sorteo ya había tenido lugar. El Gordo había salido y más de uno había descorchado champán, cava o la bebida que use para embriagarse de felicidad. Mari Carmen tenía una misión: simular que le había tocado el Gordo, pero lo había lavado en la lavadora. Imaginad el drama. Su actuación fue brutal.Se la repitiera este, igual optaba aún a él

La broma de Évole

Évole, que aún era más conocido por el sobrenombre de El Follonero, decidió montar un teatrillo. La señora camina hacia la administración 4 de Madrid. Allí ha tocado el gordo. Llega Mari Carmen. Todos los reporteros están allí cubriendo las reacciones al sorteo. Y no hubo medio que no picara. 

La historia era suculenta y todos la incluyeron entre las más divertidas del día. Al final, supuestamente tenía final feliz. Lo que no sabía ninguno es que era todo una broma televisiva. Y Jordi Évole regocijándose mientras. Al final como espectáculo quedó bien. Y Maria Carmen no le tocó la lotería, pero tuvo su minuto de gloria.

Siempre hay momento también para anécdotas más tiernas como cuando uno de los niños de San Ildefonso se equivoca y no es capaz de continuar sin lágrimas en los ojos. Algo así le ocurrió a una niña, que no supo decir bien un número y comenzó a llorar. 

Cada uno lo celebra como puede

Aunque para llorar, de la risa, fue la reacción de un grupo de amigos tras saber que les había tocado el primer premio. Allí acuden las cámaras de Televisión Española. El habitual reportero que tiene que contar la felicidad de los agraciados. Y allí andan bebiendo, bailando y disfrutando la victoria. Así que cuando les pregunta se comienza a mascar la tragedia. 

Uno casi no es capaz de articular palabras. Y llega otro amigo al rescate y suelta la gran perla. Él en este caso no quería el dinero para tapar agujeros, sino que se iban a ir a Benalmádena y después de put**s. Sinceridad ante todo. 

El trabajo de reportero, en días como esos, es casi de alto riesgo. Se podría decir que no está pagado. Aunque si al reportero en cuestión le ocurre como Amaia, todo es más llevadero.

 

La periodista andaba informando del segundo premio, y le llegó el turno de disfrutar pues le acabó sonriendo la suerte en forma de tercer premio. Eso sí, compartido con su cuadrilla, pero menos es nada. 

Fotos: Redes sociales

Vídeo: Youtube

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Mucho ha cambiado TVE desde 1978 hasta ahora. Una época en la que el Renault 5 y el Citroen CX eran los coches de moda y en la tele eran tendencia el bigote y la barba. 

Un 6 de diciembre de aquel año se votaba la Constitución y toda España estaba pendiente de qué saldría (si SÍ o si NO).

Los currelas todavía eran mayoritariamente hombres en las fábricas (y en casi todos los lados) y desayunaban un bocata de anchoas con queso regado con Soberano y los domingos se ponían Varón Dandy para oler bien.

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Ha hablado Bob Pop de su abuela Felisa, fan de Jimmy Somerville (The Communards) y muy aficionada al fútbol. Y ha contado una anécdota: el abuelo de Bob Pop apagaba la tele cuando perdía el Real Madrid, equipo del que era fanático, y su abuela Felisa se quedaba con las ganas de ver el partido. ¿Cómo lo solucionaba? Mediante una llamada de teléfono. Hay que escuchar a Bob Pop contar la historia completa, con su ternura y humor característicos.

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