13 razones por las que Zack Morris molaba mucho en los 90

Los 90 pueden catalogarse como la década de las series en las que un grupo de colegas de instituto centra la trama. De una y otra forma había  varias series por el estilo; El Príncipe de bel air, Yo y el mundo o Salvados por la campana. En esta última serie destacaba Zack Morris, que era un tipo que molaba mucho durante esos. Digamos que a día de hoy se diriía que marca tendencia.

¿Y por qué  molaba tanto Morris? Bueno, como primera razón porque era el chico por el que estaban coladas todas las chicas del instituto Bayside. Igual no todas, pero tenía a Kelly Kapowsky como novia; la chica por la que todos suspiraban. Aunque si hubiera sabido que Jessie Spano iba a ser una showgirl igual había cambiado de chica. No se la intentó ligar pero la tenía como amiga y eso también mola.

El teléfono de Zack era legendario

Otra razón por la que gustaba Zack era por su teléfono inalámbrico que le daba un toque diferente al resto. Hay que recordar que no había móvil, lo más parecido era el ‘zackphone’.

Conseguir que A.C. Slater nunca le diera un mandoble también tenía su aquel, logró llevarse bien pese a no tener mucho que ver y pelear a veces por las mismas chicas.

Lo bueno de Zack también era que conseguía ser el más famoso del instituto sin necesidad de ser el mejor jugando al fútbol americano. Él prefería el ligue a cualquier otro deporte de contacto.

Y es que alguien que le sienta tan bien el pelo rubio teñido, y que no le queda ridículo, necesita cuidarlo antes que centrarse en sudar todo el tiempo. Para eso estaba Slater.

También era alguien que gustaba por su amistad indisoluble con Screech. Vale que a veces podía ser un poco pesado pero tener a un colega tan fiel siempre es de valorar. Era tan valorable eso como sus camisas. A pocos le pueden quedar tan bien esas holgadas camisas de la época.

Y por lo que más gustaba Morris era por su capacidad para salir airoso de situaciones en las que podía verse envuelto en un lío. Al final casi siempre salía sin castigo. Su caradura además de ser su sello natural era algo que todos envidiaban. Tener tanta cara podía hacerle cometer errores pero siempre conseguía sacar una sonrisa al espectador.

Zack Morris conseguía siempre salirse con la suya

Su buen rollo con el señor Belding, el director del instituto pese a ser un estudiante, digamos que regular, también era muy valorable y le hacía caer mejor.

Y desde el principio lo que encantó a todo el mundo era su habitación. Dormía en una cama de matrimonio para él sólo y tenía un poster de Kelly a tamaño natural. Hay que ser jefe para algo así.

Su capacidad de negociar con otros alumnos para hacerles creer que hacían las cosas que ellos querían para acabar saliéndose con la suya también molaba. Casi tanto como sus excusas para escaquearse de clase. Pero no tanto como que hablara al espectador al más puro estilo Franck Underwood

Fotos: Twitter, Facebook, Instagram, Tumblr

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Tal vez ya lo hayas visto. Si no, merece la pena que eches un vistazo más abajo. Cámara que apunta al público durante una retransmisión deportiva y una parejita que se hace un selfie sonriente para luego congelar su sonrisa y mostrar unos rostros de aburrimiento absolutamente fulminantes. El selfie seguramente daba a entender que se lo estaban pasando muy bien. La secuencia captada por la cámara exhibe un aburrimiento atómico.

Es hilarante.

Eso también.

Y que viva Twitter y su viralidad.

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Los medios de comunicación se llenan, en estos días, de opiniones a favor y en contra del acuerdo de Gobierno alcanzado entre PSOE y Unidas Podemos pero hay a quien le falta el parecer de una pieza fundamental en esta historia: el de la clase trabajadora.

Lo dice Quique Peinado, colaborador de Zapeando (laSexta), asegurando a través de las redes sociales que, quizá, "molaría que los medios de comunicación diesen algún titular sobre si inquieta a la clase trabajadora el posible nuevo gobierno".

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Qué cosas tiene la convulsa actualidad. Las movilizaciones en Cataluña se cruzan con una celebridad chanante de nuestro ruedo ibérico. O sea, el Pequeño Nicolás (de profesión, sus cosas). Ha ido a Barcelona y en la estación de Sants se ha topado con los CDR y se ha liado un poquito.

Algún empujón, algún insulto y el Pequeño Nicolás de inmediato llamando a las televisiones para contar su caso.

Decían en los 60 que la revolución no sería televisada y nos da la impresión de que se equivocaron.

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