Mayte Zaldívar: "Es más duro tres semanas en Supervivientes que 2 años en prisión"

Maite Zaldívar ha ido la segunda expulsada de esta edición de 'Supervivientes'. Lo peor para ella es que Fernando, su pareja, fue el primero. Nefasta participación la suya. 

Ahora, viendo los resultados, cabría pensar que no se podría hacer peor, una vez fuera de Honduras. Pues de hacerlo, caeríamos en un error de principiante. Y es que Mayte Zaldívar se ha atrevido a hacer una comparación algo desafortunada, por ser extremadamente suaves.

La que fuera esposa de Julián Muñoz, ex alcalde Marbella, pasó dos años en prisión por blanqueo de dinero. Una sentencia que terminó de cumplir a finales de 2016, por lo tiene bastante reciente. 

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Pues bien, para la ya ex concursante de 'Supervivientes', es más duro pasar tres semanas en el reality que dos años en la cárcel. 

La justificación de Mayte Zaldívar ha sido sencilla. "En prisión llamaba todos los días a mi casa, te veía todos los días a ti (Jorge Javier), veía los informativos y estaba informada. Allí no tienes noticias de nada y la no información es horrorosa. Tienes demasiado tiempo para pensar y las noches y las madrugadas son muy largas". 

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Y ojo, razón no le falta. Es un reality extremo, en condiciones criminales y con escasez de comida. Ahora, se le ha olvidado comentar que, en su caso, tenía un contrato de 10.000 euros a la semana. Es decir, que en tres semanas se ha llevado 30.000 euros, lo que viene a ser tres veces el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). 

Pequeño olvido. Como también se le ha olvidado que a Honduras ha ido porque ha querido. Ha aceptado una oferta, ha firmado un contrato y, para colmo, ha ido con su marido. Mientras, a la cárcel son pocos los presos que van de forma voluntaria. 

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Y sí, puede que se haya reiterado en que "la distancia con los míos, no saber nada de ellos", es un problema. Ahora, en los tres meses que dura el reality, casi cada concursante que aguante un poco, tiene garantizada una visita familiar. Si no, en 90 días estaría de nuevo en casa, y con la cartera llena de billetes. 

Dicen que las comparaciones son odiosas. En este caso, las comparaciones son absurdas. Siendo, de nuevo, extremadamente correcto. 

Fotos: Mediaset

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Están aquellos concursantes que cerraron el capítulo de la fama y rehicieron su vida como la de cualquiera, con sus vaivenes y sus aburrimientos y sus angustias y su estreñimiento o diarrea, según toque. O sea, la existencia de toda persona humana (que diría un cura de la Conferencia Episcopal) y, por ejemplo, irse a vivir a Málaga y olvidar que saliste en la primera edición de Gran Hermano gritando "¡quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza! ¡QUIÉN!".

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Decía Karina, con su famoso 'Baúl de los recuerdos', que cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Uuuuhhh. Y razón no le faltaba, pero con matices. Sobre todo en lo que a televisión se refiere. 

Y nada como poner un ejemplo para reforzar esta afirmación. Un ejemplo para el que no hará falta echar la vista demasiado atrás. Tan sólo habrá que viajar a la primera décadas del siglo. Los añorados 2000. 

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No cesa la fuga de anunciantes que abandonan Gran Hermano por el caso Carlota Prada, la concursante que denunció haber sido violada en 2017 sin que los responsables del programa hicieran nada. Y Mediaset ha lanzado un comunicado en el que habla de "campaña de desprestigio".  Una campaña que, según la cadena que dirige Paolo Vasile, tiene culpables.

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