Machismo, desorden alimentario y otras incorrecciones de 'Verano azul'

Ha vuelto a programar TVE la serie Verano azul y resulta que ha surgido una serpiente de verano de esa que entretienen el tedio estival a programas de sobremesa anhelantes de conrroversias. La polémica se basa en el tuit de un señor que, parece que en serio pero luego ha dicho que un poco en broma, señala que como Piraña come mucho y tiene sobrepeso en la serie habría que advertir al público con un rótulo acerca de los problemas de los desórdenes alimientarios. Más o menos eso hemos entendido.

Que es verdad que recurrir al estereotipo humorístico del niño gordito resulta inaceptable hoy día.

Pero es que Verano azul se rodó en 1980.

Ya ha llovido.

He aquí el tuit.

Jesús Arroyo, autor del tuit, dijo en Todo es mentira que se había tratado de un experimento sobre la posverdad y otras melonadas de quien parece, a todas luces, un ser empeñado en llamar la atención.

Cosa que ha conseguido y se ha reabierto, por enésima vez, el debate sobre cómo viejas series contienen elementos inaceptables a ojos de hoy. Podría ser lo del desorden alimentario de Piraña en Verano azul pero hay mucho más.

Por ejemplo, el tremendo machismo que destilan muchas actitudes de los protagonistas de la serie.

No es intencionado (por supuesto). De hecho, Verano azul tiene un sesgo más bien progresista (y se abordan desde una perspectiva anticonservadora temas como el divorcio, los embarazos adolescentes, el sexo...). Pero ahí está el heteropatriarcado rampante.

Sobre todo en los padres y madres de Verano azul.

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El machismo resulta palpable en el modo en que progenitores y progenitoras se distribuyen las tareas a lo largo de ese verano azul que vemos capítulo tras capítulo. Ellas cocinan, hacen las camas y lo que se tercie. Ellos, los padres, beben botellines de cerveza y hablan de fútbol.

De hecho, hay un episodio concreto en el que uno de los padres sale de un bar con un copazo en la mano (ataviado con bañador tipo fardahuevos y camisa abierta de par en par) y le suelta a su hijo: "Dile a mamá que no voy a comer, que me encontrado a un amigo del trabajo".  A continuación se ve a mamá en casa, retirando un plato de la mesa restando toda importancia a que el capullo de su marido ni se haya tomado la molestia de acudir a comer después de que ella lleve toda la mañana preparando paella. Sin dramatismos, como la cosa más natural del mundo.

En esos detalles está la incorrección de Verano azul.

Y ahí reside también su valor de testimonio, de ventana abierta a ciertos hábitos pretéritos hoy felizmente ¿superados? 

El capítulo de la regla

Pero el momento más chanante de Verano azul (vista la serie con ojos de hoy) es el dedicado a la menstruación de Bea. Acontecimiento que se anuncia con una solemnidad desmedida: "Bea ya es mujer".

Toma, castaña.

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En dicho capítulo, pretendiendo dar protagonismo a un tema entonces delicado, se traumatiza al personal con el retrato de una Bea menstruante que es casi como la dama de las camelias con tuberculosis. Como Bea tiene la regla ha de quedarse en la cama leyendo, no puede bañarse en el mar, se melancoliza mirando al techo mientras, por supuesto, se le aparta temporalmente de sus amistades masculinas, no vaya a ser.

Seguramente Antonio Mercero (grande entre los grandes) tuvo buena intención al lanzarse a este asunto de la menstruación pero el resultado daba miedo incluso entonces. Imagínense ahora.

Pero también hay cosas buenas

Sin embargo, hay otras cosas que hablan de tiempos mejores, más inocentes y menos expustos a ciertas perturbaciones. Como, por ejemplo, que los niños y niñas se hicieran amigos de un marinero adulto desconocido y de una pintora y nadie se preocupase en absoluto de si Chanquete era pederasta, cuestión que la paranoia reinante en la actualidad no eludiría.

Y luego está la simple poesía que posee ese recorrido por lo que eran los largos veranos de antaño. Ya no hay veranos tan largos como los de Verano azul. Porque nos hemos hecho adultos y porque la precariedad ha convertido lo que eran vacaciones de dos meses en un apartamento en la playa o una casa en la sierra o en el pueblo de los abuelos en un visto y no visto para remojarnos el culo en Benidorm o ver la torre Eiffel sudando la gota gorda. 

Ningún tiempo pasado fue mejor ni peor. Simplemente fue distinto.

Siempre y cuando hablemos de tiempos democráticos. Cuestión aparte es el franquismo. Pero en ese periodo no hubiera podido rodarse Verano azul. Ténganlo por seguro.

En fin, que Verano azul se repone otro verano y otro verano que la senectud que hizo la E.G.B. habla de esa serie icónica que los millennials no acaban de entender. Tanta bicicleta y tanto polo y tanto futbolín. Caramba.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: Verano azul explicado a los millennials

 

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Iker Jiménez ha buscado en el baúl de los recuerdos (de TVE) durante sus vacaciones de verano y se ha encontrado con una (joya) de la ficción española del ayer. Nada más y nada menos que Verano azul (la misma en la que Quique, Javi, Pancho, Bea, Desi, Tito y Piraña hacían de las suyas durante sus días de relax en Nerja) y que, ahora y según el conductor la nave del misterio de Cuarto Milenio (Cuatro), sería "intolerable".

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