Lo que el debate sobre el debate ha revelado

Bien está lo que bien acaba y rectificar es de sabios y todas esas frases hechas con las que el refranero español resume el verbo recular. Pero lo del debate sobre el debate ha revelado algunas cosas que no dejan a Pedro Sánchez en buen lugar.

Primero pretendió colar a VOX en un debate presidencial, lo cual hubiera otorgado a esta fuerza ultraderechista una legitimidad inédita, ya que (de momento) sólo tienen representación en Andalucía y son una (inquietante) incógnita. ¿Reeditar la foto de Colón en un plató de Atresmedia? Resulta una idea astuta pero la política no sólo es astucia, no sólo consiste en joder al contrario con artimañas durante la contienda electoral. Un poco de altura de miras, por favor.

Añadamos que como el presidente del Gobierno únicamente quería intervenir en un debate, dio el sí a Atresmedia y ejecutó un desconcertante corte de mangas a la televisión pública. 

El caso es que la Junta Electoral Central dijo que VOX no tiene vela en este entierro y Pedro Sánchez decidió, entonces, que el único debate sería en TVE y eligió él fecha y Rosa María Mateo dijo que muy bien, a mandar.

Otra torpeza mayúscula ya que los tiempos de utilizar la televisión pública como un cortijo pasaron y los propios trabajadores se pusieron de uñas.

Así que, ante la posibilidad de que la controversia fuese a más, Pedro Sánchez aceptó dos debates y se fue a correr los 10 kilómetros diarios que se echa a las espaldas para estar en forma y más guapo que nunca.

Pero el mal estaba hecho.

La imagen de un Pedro Sánchez que maneja a capricho, con la prerrogativa presidencial y de liderazgo, la agenda de medios públicos y privados ha sido exhibida.

Luego están los incondicionales que hacen cuñadismo progre diciendo que debatir sobre el debate es debatir sobre la nada y que hay que hablar sobre programas electorales.

Y claro que hay que hablar de programas electorales pero esta controversia sobre los debates resulta también interesante. Pone al descubierto la personalidad de Pedro Sánchez, principal aspirante a la presidencia del Gobierno. Y en dicha personalidad prima, otra vez, el cálculo a beneficio propio por encima de cualquier otro valor. ¿Hay que utilizar la televisión pública? Se hace. ¿Limitamos el número de debates a uno? Ok. ¿Y por qué no a ninguno? Quizás habría que legislarlo. Lo lleva Podemos en su programa. No creo que le gustara a Iván Redondo, un táctico al modo de Simeone que asesora en función de lo que va ocurriendo "partido a partido".

El debate sobre el debate ha sido revelador.

O no tanto.

Ahora queda debatir y ahí (quién sabe) puede salir Pedro Sánchez ganador. De eso se trata. De confrontar ideas, opiniones, propuestas. Y sin VOX, que sólo es ruido. El ruido y la furia que pueden desencadenar el Armagedón cuando llegue la noche del 28A. Pero eso será otra historia.

DANIEL SERRANO

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Foto: Gtres

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