Las golondrinas de Kabul: una película que pinta el horror con acuarela

Inspirada de la novela de Yamisna Khadra (autor masculino argelino que compuso su nombre artístico con el nombre de su mujer y el apellido de su madre), esta historia relata el infierno de la guerra y, en particular, el que vivieron las mujeres víctimas de los talibanes en el Kabul del verano de 1998. La elección de la animación para contarla combina realismo y pudor, y permite al espectador imaginar lo que está sugerido.

Nadie sale indemne de tanta violencia impuesta por un régimen de represión en un Afganistán donde, hasta entonces, la modernidad y la libertad en lo que a costumbres se refiere eran habituales.

Y la heroína Zunaira, profesora de dibujo, tiene muchísima dificultad a adaptarse a sus nuevas condiciones, y más por ser mujer. Le cuesta llevar burka (ni siquiera tiene dicha prenda en propiedad, sino que se la pide a su vecina cuando necesita salir de su casa) y le resulta imposible no escuchar la música que solía apreciar en el pasado, cuando los tiempos eran más felices.

Mohsen, marido de Zunaira, profesor de historia, está a punto de perder un pie y conformarse con esta situación intolerable, ella se convierte en motor de rebelión y le incita a combatir el enemigo desde dentro. Zunaira resiste escuchando música a escondidas, llevando zapatos blancos (color prohibido por los talibanes), dibujando desnudos y animando a su marido a unirse a su profesor de universidad con una escuela de la transgresión para educar a los jóvenes para que salven el país de tanta desgracia.

En paralelo, otro personaje está luchando también. Se trata de Atik, el vigilante de la prisión para mujeres, quien, aunque está del lado de los talibanes en apariencia, sufre en silencio este sistema abusivo. No reconoce a sus amigos del pasado, cuyos valores cambiaron por completo. No sabe quién es el verdadero enemigo de esta guerra. Y su sufrimiento crece cuando decide apoyar a su esposa enferma (en fase final de cáncer), aunque se le critica por ello. Con la creencia de que una mujer no puede ser responsable del dolor de un hombre, sus hermanos de lucha le animan a repudiarla ahora que está enferma, y sustituirla por una joven virgen.Pero Atik se niega, fiel a sus recuerdos de todo lo que hizo por él, cuando lo necesitaba. Y su humanidad sigue presente al ver a las prisioneras que le traen con frecuencia en su prisión. Resiste por dentro. Resiste a su manera. Fuma a escondidas. Y de forma frecuente, los talibanes le piden de bajarse las mangas de su camisa, porque está prohibido remangarse a pesar del calor veraniego.

kabul-kabul

Estos dos personajes se unen a raíz de un accidente. Sus destinos apoyan la teoría de la esperanza. La humanidad y la libertad son los valores que quieren cuidar, pase lo que pase, pensando en las generaciones futuras, únicas capaces de parar este terror ambiente. Y es donde nace la poesía de esta animación. A pesar de la sangre y de las armas, la acuarela es una técnica llena de delicadeza para contar la crueldad atroz de la guerra. El pincel es, aquí, muy justo y poderoso por lo que evoca. La denuncia de las directoras es tan inteligente que vuelve el régimen de los talibanes aún más odioso. El amor como método para sobrevivir a la sharía es el mensaje de esta obra imprescindible. Cuando el arte combate el vacío cultural, solo se puede aplaudir. Nos acordaremos mucho tiempo de estos héroes ordinarios.

DIANE MALHERBE

ADEMÁS: 7 fabulosas películas antibelicistas

Ver resumen Ocultar resumen

El escritor tiene claro cuál es el suyo, aunque valora mucho al segundo en su lista

Ver resumen Ocultar resumen

El sexo en Hollywood está demodé. Es un hecho. Quien quiere ver sexo en cualquiera de sus variantes, tiene millones de formas de encontrarlo en Internet.

Así las cosas, a la hora de rodar una escena subida de tono en una película, tienes dos opciones. O bien la afrontas de una forma original, que sea completamente distinta a lo visto hasta ahora y pasas a la historia de Hollywood. Véase 9 Semanas y Media o Crash. O bien, optas por dar a la escena de turno el tono chanante que la mayoría de directores no se atreven a dar. 

Páginas