'La Verdad', aún no sabemos si sí o si no

'La Verdad', más que una serie de ficción, se había convertido en un asunto de estado. Dos años anunciando una serie es, o la broma más pesada que ha hecho un canal a sus espectadores, o la mejor y más paciente campaña de marketing de la historia. 

Sea como fuere, este lunes se estrenó 'La Verdad' y, horas más tarde, aún no sabemos si sí o si no. Y nos explicamos

La serie nos presenta una premisa interesante: Paula García (Elena Rivera) vuelve a casa tras 9 años desaparecida, con muchas lagunas, incógnitas y secretos en torno a lo que pasó y dónde ha estado estos años.

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La trama nos da a entender que ha sido usada como esclava sexual pero ella no parece estar incómoda en ese papel. Es más, su forma de ser durante todo el capítulo, está basada en la seducción. Ahí es donde Elena Rivera deja claro que tiene tablas para regalar. Lleva el peso del piloto y lo hace con solvencia, aunque se abuse en exceso de las lágrimas de la actriz. 

En efecto, la premisa es interesante y la base sentada para los siguientes 15 capítulos, más que atrayente. Pero claro, a lo largo de 70 minutazos de capítulo, se le ven mucho las costuras. Por ejemplo, la huida de Paula García de su captor es muy torticera. Cuesta creer que en 9 años no haya podido escapar tan fácilmente como lo hace aquí. 

Tampoco se entiende que una familia, económicamente poderosa, no haga una prueba de ADN a la joven que dice ser su hija, tras nueve años desaparecida. 

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Ahora, si damos el salto de fe y entramos, la serie apunta maneras. Y no sólo porque Jon Kortajarena con el uniforme de policía esté que se rompe. El modelo/actor cumple en su papel de Marcos Enguía. Curiosamente, elegido por la policía de Santander como portavoz por guapo, no por buen agente. 

También lo hace, aunque en su caso se esperaba, José Luis García-Pérez (Lalo Ruíz), el periodista de turno obsesionado con el caso. Eso sí, su relación erótico festiva con Ana Llanos (Ana Álvarez) chirría un poco. Aún así, la compramos. Como también compramos a un Fernando García (Ginés García Millán) distante y frío. Alguien debe poner coherencia a la situación. 

Otro minipunto para el piloto es el momento en que Lidia MacMahón (Lydia Bosch) ofrece a Paula García un vaso de leche calentita. Ya pueden haber pasado 9 años desde que se fue tu hija, que nada mejor que un vaso de leche para templar los nervios. Algo más raro es dar una fiesta, la misma noche en la que ha vuelto tu hija. En fin. 

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Ahora, si hubo un momento en que la serie se anotó un tanto, fue cuando (atención spoiler) desveló la que parecía ser trama principal. Todo el mundo se pregunta si Paula García es la verdadera Paula García, a la que muchos dan por muerta. La propia protagonista saca al espectador de dudas, con una llamada en la que confirma que no es Paula, sino Sara. Sarita. 

A quién llama, es otro cantar. Eso sí, valiente giro de acontecimientos en la trama, quemando un cartucho que podía dar mucho juego, para centrarse en otras historias. Bien jugado. 

Así las cosas, poniendo todo en una balanza, ésta se queda perfectamente equilibrada. Sí, hay más cosas positivas que negativas pero hay un elemento que fuerza el empate y casi nos lleva al no definitivo. ¿Qué clase de apellido es MacMahón? ¿De dónde han sacado esa mezcla de inglés y castellano en un apellido? ¿Cómo tienen pasta, deben tener apellido raro?

Si nos preguntan si seguiremos viendo la serie, la respuesta será de manual: NS/NC. Tenemos seis días para rumiar lo que ha pasado aquí. Si es que acertamos a saber qué ha pasado aquí. Por cierto, parece que la audiencia coincide con nosotros. Buen estreno pero... 

Fotos: Mediaset

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