La prostitución en el cine: 7 películas a debate

La prostituta como personaje de ficción está presente en muchísimos relatos a lo largo de la historia de la literatura, el arte y el cine: de La Celestina a Naná de Zola pasando por La puta respetuosa de Jean Paul Sartre.

Pero ¿qué visión se ha dado en el cine de la prostitución?

Y, sobre todo, ¿resultan aceptables ciertos retratos complacientes?

¿No es triste la vida de las mujeres de vida alegre?

¿Ha contribuido Hollywood a normalizar como una actividad asumible lo que no deja de ser explotación?

Debatamos en torno a siete películas con protagonista 

1. Las noches de Cabiria  (1957)

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Estamos hablando de Federico Fellini y seguramente a lo largo de su filmografía haya incurrido en todo exceso con respecto a la representación de la mujer. Pero Las noches de Cabiria retrata la prostitución callejera con piedad y ternura. La protagonista, interpretada magistramente por Giulietta Massina (pareja eterna de Fellini), es una meretriz con algo del Charlot vagabundo, capaz de provocar risa y (finalmente) exponer al espectador al llanto. Porque el amor no alcanza jamás a esta prostituta de buen corazón. 

2. Irma la dulce (1963)

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Un comedia de Billy Wilder disparatada y con el color (y la puesta en escena) de un dibujo animado.  Cinematográficamente resulta impecable (aunque muy por debajo de El apartamento, bellísima obra maestra) pero la prostituta feliz que se presenta en Irma la dulce forma parte de ese estereotipo que tanto gusta a cierto machismo: el de las chicas de vida alegre, despreocupadas y siempre bebiendo champán mientras entregan su cuerpo a los hombres sin culpa ni dolor. 

3. La pequeña (1977)

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Una película polémica en su momento y todavía un tanto incómoda. Porque su director, Louis Malle retrata la sordidez de los burdeles de Nueva Orleans a principios del siglo XX pero introduce el asunto de la prostitución infantil aunque (y ahí está el problema) con un punto de morbo que se visualiza en una Brooke Shields niña a la que fototrafía en . Turbia aunque, tal vez, bienintencionada. Perturbadora y, por tanto, una cinta para revisar y debatir.

4. Risky Business (1983)

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Tuvo gran éxito en su momento (allá por los años 80 del siglo XX) pero vista hoy resulta arrítimica, estúpida y fea. En cuanto a su visión de la prostitución, aquí sí que existe un discutible ánimo de normalización de una profesión idealizada para el buen fin del relato. No sólo el protagonista (un jovencísimo Tom Cruise) llega a esbozar una relación sentimental con la prostituta (Rebecca De Mornay) sino que acaba ejerciendo ¡el proxenetismo! Una oda ultracapitalista muy de la era Reagan.

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5. Pretty Woman (1990)

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Existen quienes defienden esta película como "cuento de hadas puesto al día" y quienes creen que es muy feo pretender que el amor surja de pagar a una mujer por sus servicios sexuales. Tampoco se trata de tomarse a la tremenda una comedia romántica que (ejem) ha ganado con el tiempo y con las reposiciones en la tele. Otra cosa es, por ejemplo, cuestionarse si un largometraje así puede emitirse (como se emite) en horario infantil y qué mensaje transmite a las niñas y niños de hoy en día.

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6. Amor a quemarropa (1993)

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Dirigida por Tony Scott y con guión de Quentin Tarantino, este es un peliculón con momentos brillantísimos (el cara a cara entre Dennis Hooper y Christopher Walken tiene una extraordinaria altura cinematográfica) pero... Sí, lo de que una prostituta se enamore de su cliente, queridos niños, no sucede. Dinero por sexo no resulta una combinación nada romántica.

7. Princesas (2005)

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Una película española que aborda el asunto de la prostitución con toda su crudeza sin renunciar a la ternura. Candela Peña tan estupenda como siempre. Otra mirada (la del siempre comprometido Fernando León de Aranoa) y un quiebro ante el discurso cinematográfico predominante en el que la mujer objeto de explotación suele dibujarse desde la habitualmente fantasiosa mirada heteropatriarcal.

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Ramón Fernández (más conocido en la industria del cine español como Tito Fernández) es uno de los grandes artesanos del celuloide celtibérico y un fabricante de taquillazos absolutamente prodigioso: de No desearás el vecino del quinto a Cuéntame pasando por Sor Ye-yé, Cateto a babor, Las aventuras de Enrique y Ana o Los ladrones van a la oficina. Todos esos títulos son cosa suya.

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Ahora que el modelo económico basado en el turismo de masas ha entrado en crisis como modelo debido a la infausta pandemia resulta conveniente recordar cómo dicho fenómeno fue glorificado por el franquismo. Allí empezó todo. Evidentemente, el contexto era muy distinto al actual y la población no percibía como molesta la llegada de extranjeros pero ahí ha quedado la propaganda que se coló en muchísimos títulos de los que rescata, a veces, Cine de barrio en TVE.

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El éxito en taquilla de Padre no hay más que uno 2, la última película de Santiago Segura, ha movido a la derecha tuitera a la celebración y exaltación del director y actor que fuera Torrente pero añadiendo todo tipo de ataques a la farándula roja, subvencionada y obsesionada con la Guerra Civil que son el resto de gente del cine español.

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