La primera vez (o casi) que un político fue a un programa de entretenimiento

Todavía estamos sacudiéndonos la polvareda que ha levantado el paso de Santiago Abascal por El Hormiguero, con todo el debate que ello ha suscitado (¿es el líder de una formación ultraderechista una figura política homologable al resto?, ¿no tiene El Hormiguero un público infantil al que habría que proteger especialmente?) pero vayamos al fondo de la cuestión. ¿Cuándo empezó todo? ¿Cuándo comenzaron los políticos a salir por la tele en los programas de entretenimiento? Y, claro, hay que mirar a Estados Unidos, el país del show business por excelencia.

La tele lo cambió todo para la política.

Que se lo digan a Nixon, que perdió en su debate televisivo frente a John Fitzgerald Kenney por salir sin afeitar, sudoroso y con un aspecto envejecido frente al fotogénico joven que pronto sería baleado en una calle de Dallas.

Eran los años 60 del pretérito siglo XX.

Y la influencia televisiva crecería aún más.

Un medio de masas como la televisión es fundamental para la lucha por el poder.

Primero fueron los debates (Nixon vs Kenndy y otros) y después la inserción de spots de campaña y la maquinaria electoral de los partidos planteada para salir en los informativos.

Pero todo eso se quedó pequeño. Y en esto llegó Bill Clinton. Un político astuto y muy popular. Capaz de conectar con el gran público. Y que rompió el último tabú. En junio de 1992 un saxo se escuchó en el The Arsenio Hall Show y, por sorpresa, apareció el que por entonces era un gobernador de Arkansas que aspiraba a ganar la primarias para presentarse a presidente por el Partido Demócrata. Con gafas de sol y actitud artística interpretó una versión muy particular de Heartbreak hotel y se ganó el aplauso del público. Ganó las primarias, llegó a la Casa Blanca y ha quedado instituida la idea de que esta aparición televisiva le acercó a un elector juvenil que jamás atendía a la información política convencional.

¿Fue la primera vez que un político salió en un programa de entretenimiento? No exactamente. Está la imagen, en los 60, de Robert Kennedy en el programa de Jonhny Carson junto a Bill Cosby y Harry Belafonte. Robert Kennedy buscaba ganarse el voto afroamericano y en aquellos lejanos tiempos nadie sospechaba que Bill Cosby era un depravado violador.

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Quizá lo que diferencia anteriores apariciones de políticos en programas de entretenimiento con lo que hizo Bill Clinton es la actitud. Acudió al programa de Arnesio Hall dispuesto a seguir las reglas de juego del espacio. Tocando el saxo, siendo un personaje más del espectáculo, no como un aburrido y serio invitado al que hay que tratar de modo diferente. Aunque sí se trate de forma diferente al político (por supuesto).

Luego vendría la vorágine de apariciones televisivas y Obama supo pasear su carisma por diversos espacios y el siglo XXI trajo la culminación de la influencia televisiva: la estrella de la tele que se convirtió en presidente de Estados Unidos. Contra todo pronóstico, ese tipo de pelo raro que era quien despedía a la gente en El aprendiz dio el salto a la Casa Blanca. Tenía que ocurrir. Ya había vido un cowboy de Hollywood en la presidencia. ¿Se acuerdan de Ronald Reagan? Trump le ganó de largo.

Y la vida sigue y veremos qué nos depara el futuro. ¿Un youtuber como presidente? ¿Por qué no? La política es comunicación. Y los tiempos (siempre) están cambiando.

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Y rozando 1,9 millones de me gusta. 

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Ojo al último (mini) hilo tuitero de Quique Peinado porque puede provocar carcajadas. "Yo sólo digo que no entiendo muy bien por qué los políticos no matan por salir en Buenismo Bien cuando relanzamos sus carreras así", dice el colaborador de Zapeando (laSexta) y una de las voces, junto a Manuel Burque, del programa de la Cadena SER.

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