La inquietante (pero hermosa) imagen de Venecia detenida por el coronavirus

No hace demasiado tiempo, Venecia afrontaba un problema serio: el exceso de turistas

A día de hoy, ese problema se ha resuelto: cero turismo. 

Se estima que la preciosa ciudad italiana recibía, anualmente, a 23 millones de personas. Hablamos de una ciudad de 260.000 habitantes, por lo que el impacto de tener 63.000 personas más a diario, es decir, incrementar un 25% la población a diario, estaba hundiendo la ciudad, literalmente. 

Curiosamente, ha sido una pandemia mundial la que ha puesto solución al asunto. El COVID-19 ha vaciado por completo el entorno de Venecia. Desde la plaza de San Marcos, al Palacio Ducal, pasando por la Basílica de San Marcos. Todo está vacío. Incluso las góndolas. Todas paradas. 

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Así, La Serenissima, como se conoce a Venecia, ahora sí está haciendo honor a su nombre. El bullicio de las calles, el trasiego de gente y las aglomeraciones habituales, han dejado paso a un silencio inquietante que, a su vez, le da una belleza inusual a la ciudad. Y es que Venecia vacía es un espectáculo que llevaba décadas sin poderse disfrutar. 

Lo cierto es que esta imagen de una Venecia vaciada se repite a diario desde el pasado 8 de marzo. Ese fue el día que el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, impuso el toque de queda en la regiónd e Lombardía y otras 14 provincias, entre ellas Venecia. Un día más tarde, la cuarentena se extrapoló a todo el país. 

Sin duda, el varapalo va a ser tremendo en una ciudad donde el turismo es el motor económico más relevante. No obstante, reconforta ver, aunque sea en estas circunstancias, la imagen de una Venecia serena, imperturbable y tranquila como demandaban los venecianos desde hace tiempo. 

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Sin duda, una de las imágenes para la historia que nos deja el coronavirus. Una de tantas. 

Venecia, qué hermosa eres. 

Fotos: Gtres

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Hoy se ha convertido casi en un signo de distinción de ser un hípster; los hay de diferentes formas e incluso tienen su propio peine; pero lo que siempre serán es un elemento únicamente masculino. Aunque alguna chica podría desmentirlo. Hablar del bigote es hacerlo de la masculinidad, al menos si a la historia del cine nos referimos. Son muchos los mostachos que a lo largo de los años desfilaron por las pantallas de cine. Desde los largos, a los pequeñitos, los autoritarios y los románticos. Todos los tipos de bigotes tienen su sitio en el recuerdo cinematográfico.

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Dicen que las comparaciones son odiosas o eso debe parecerles al clan Kardashian y a las hermanas libanesas Abdel Aziz, que han sido bautizadas ya como las Kardashian del Medio Oriente. En ambos casos ambas familias se han hecho famosas por sus cientos de selfies y por presumir de trapitos, complementos y de su anatomía en realities shows.

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Acogerse al dicho de que segundas partes nunca fueron buenas  sería lo más adecuado para analizar cómo fue el comportamiento de algunas secuelas de filmes que triunfaron en su primera puesta en escena, pero que en un segundo round no resultaron nada del otro mundo.

Algunas levantaron una expectación tan grande que el golpazo en taquilla sonó hasta en los lugares más recónditos. El gasto de producción y promoción no acaba siendo justificado cuando se hacen las cuentas finales. Son muchos los ejemplos que a lo largo de los últimos años se han podido ver.

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