La historia de España a través de Isabel Pantoja

España y yo somos así, señora, susurraban con voz de tabaco negro y coñac Soberano ("es cosa de hombres") los galanes de antaño y es que no hay manera, somos así por mucho que se indigne Javier Marías.

Somos así e Isabel Pantoja resulta una figura indisociable de esta España nuestra e, incluso, podría decirse que la historia reciente de este país está representado en ella, aunque sea como en los espejos del madrileño callejón del Gato, distorsionada esperpénticamente.

Ahora se va a una isla desierta para concursar en Supervivientes y someterse al escarnio público por nuestro bien y, sobre todo, para aliviar mediante jugoso incremento la situación de sus cuentas bancarias.

Vayamos por partes.

Con Franco todavía era Isabel Pantoja una niña que iba a los tablaos y al programa de Laurén Postigo pero en seguida alcanzó el éxito y se convirtió en tonadillera de referencia.

Aún más al casarse con Paquirri, torero de tronío en una España donde todavía el toreo suscitaba un respeto casi religioso. Era la Santa Transición e Isabel Pantoja se convirtió en el reverso de tanto libertinaje y tanta Movida.

La Transición e Isabel

Mientras en las elecciones ganaban por mayoría absoluta los socialistas, Isabel Pantoja y Paquirri, la folclórica y el torero, vendían la imagen irreductible de una España eterna, con Andalucía como epicentro emocional y declaraciones de virginidad prenupcial, fidelidad sufriente, oraciones a los santos en las tardes de corrida y el nacimiento del pequeño Kiko como broche de un matrimonio como Dios manda.

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España, en aquellos años 80, se modernizaba pero necesitaba sentir que había algo que permanecía inmutable y lo inmutable era Isabel Pantoja y su esposo torero. Pero en 1983 muere Paquirri en la plaza de Pozoblanco y, aunque hoy sería impensable, TVE muestra al mundo el prólogo al fallecimiento del torero, con sus últimas (y serenas) palabras en la enfermería del coso, allá en un pueblo de Córdoba.

Entonces, Isabel Pantoja se convierte en viuda de España y ello vuelve a mostrar con toda crudeza que, por mucho que nos creyeramos modernos y que Alaska y los Pegamoides cantasen por la radio Terror en el supermercado, el pelo de la dehesa permanecía tan tieso como antes.

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Tras la muerte del torero se produjo la obligatoria inmersión de Isabel Pantoja en un duelo de luto riguroso.

En 1985 llegaría la resurrección artística con Marinero de luces. Un álbum que le compone y escribe José Luis Perales y que contiene piezas maestras. Porque José Luis Perales posee infinito talento y (mal que le pese a Rockdelux) ha sido el autor que más han escuchado las españolas y españoles igual que las españolas y españoles han estado siempre atentas y atentos a lo que sucediese con Isabel Pantoja.

Yo soy esa o cuando la progresía se rindió a Isabel Pantoja

Se habían acabado los sueños revolucionarios, se había cerrado la muralla y decidió Víctor Manuel producir una película protagonizada por Isabel Pantoja. Arrancaban los años 90 y después de que Tierno Galván hubiera dicho aquello de "el que no esté colocado que se coloque y al loro" hubo otra alta personalidad del PSOE que aseguró que España era el país del mundo donde más fácil era hacerse rico. O sea, que las prioridades habían cambiado.

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Con que del arte y ensayo se dio el triple salto mortal a las películas con tonadillera protagonista y Yo soy esa fue un espectacular éxito de taquilla aunque a la crítica le pareció cinematográficamente abyecta.

En la producción estaba el director de cine Javier García Sánchez junto a Víctor Manuel (los dos habían coincidido en el Partido Comunista y los dos cambiaban al ritmo de la España que ponía rumbo al 92) .En vez de dirigir la película García Sánchez (con títulos en su haber tan magníficos como La corte del faraónlo hace Luis Sanz, que había producido Las cosas del querer, cinta con Ángela Molina y Manuel Bandera y coplas a lo Miguel de Molina cuyo tremendo exito de taquilla (y crítica) se pretendía emular.

Tal vez Javier García Sánchez (autor de Dolores, extraordinario panfleto documental sobre Pasionaria)  todavía tuviera cierto pudor progresista a la hora de hacer caja con ese folclorismo que tanto criticaron los antifranquistas cuando Franco.

Pero así sucedieron las cosas. Isabel Pantoja se convirtió en estrella del cine e, incluso, rodó una segunda entrega  titulada El día que nací yo. Y España aplaudió.

De nada habían servido las horas de cineclub viendo películas de Ingmar Bergman en las largas tardes de invierno dictatorial.

La revolución sexual

Y luego está toda esa evanescente confusión sexual en la que se ha desarrollado la vida de Isabel Pantoja. Numerosas veces se ha sugerido que la tonadillera tuvo algo más que amistad con mujeres como María del Monte o Encarna Sánchez

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Jamás admitió Isabel Pantoja otra cosa que pura amistad con esas enérgicas mujeres que tanto compartieron en su existencia y no se sumó a la ascendente efervescencia de la cultura gay que instalaba en las noches madrileñas de Chueca el primer capítulo de lo que luego sería el matrimonio igualitario de ZP y todas esas cosas con las que España asombró al mundo y perturbó a los obispos de antes del papa Francisco.

Porque Isabel Pantoja siempre ha sido la España al margen de las modas. La que remoza levemente sus tradiciones para adecuarlas al siglo XXI pero sus tradiciones (como canta patrióticamente José Manuel Soto) que no se las toquen.

Breve icono de la corrupción

Marbella fue para Isabel Pantoja el mejor de los sitios y el peor de los lugares. El soleado refugio donde estuvo Mi Gitana, la casa a cuyas puertas hacían guardia los reporteros. El escenario de su gran amor con Julián Muñoz, cuando Julián Muñoz era el alcade que paseaba del brazo de toda una artista y ella le susurraba al oído: "Dientes, dientes, que es lo que les jode".

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En 2005 el juez Miguel Ángel Torres destapa uno de los más impresionantes entramados de corrupción de España. La operación Malaya está en marcha y una de las imágenes que conmocionan a la opinión pública es la de Isabel Pantoja entrando detenida en los juzgados donde pasará la noche. Más tarde acabará en prisión.

La artista se había sumado a la fiesta del dinero fácil, dinero en bolsas de basura, dinero regalado por empresarios cambio de favores, dinero de ayuntamientos y diputaciones que hacían ricos a políticos locales.

Fue un brevísimo icono de la corrupción y las mismas voces que la insultaban en sus entradas y salidas de la celda, en muy poco tiempo, la aplaudirían a rabiar porque Isabel Pantoja se lo merece todo.

El eterno retorno

Isabel Pantoja salió de la cárcel, se amigó con Jorge Javier Vázquez, se enemistó con él a raiz de una entrevista de la cantante con Pablo Motos, estuvo en Mediaset y se fue de Mediaset y ahora, parece, quiere volver a Mediaset si le hacen un contrato lo suficientemente millonario.

En 2018 Isabel Pantoja sigue siendo protagonista y llama por teléfono a Sálvame para hablar de su hija, concursante de reality, y España se detiene. 

Chabelita (que fue Isabel II por unos mágicos instantes) es el recurso de Isabel Pantoja para estar de actualidad, para entregarse al público millennial que también acabará 

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Chabelita es la continuidad de Isabel Pantoja por otros medios. Mucho más desinhibida, claro, y de otro porte. A medio camino entre la cultura nini y el tronismo de Mujeres Hombres y Viceversa (si ambos conceptos no son prácticamente lo mismo). Mamá observa y participa en su día a día.

Allí, todavía en pie, está Isabel Pantoja.

La España de la crisis fue ella, martirizada y en prisión, sin dinero, escondida en su finca. La España de la inestabilidad es ella también. Ajena a las convulsiones políticas. Sólo atenta a cómo no perder su lugar en el ecosistema mediático. Sobreviviendo.

La España que no queremos reconocer (la que ve la tele, no lee un libro ni por equivocación y disfruta de las fiestas patronales apedreando vaquillas) existe.

Y la otra España también mira de reojo Sálvame, para qué vamos a engañarnos).

España es Isabel Pantoja.

Nos guste o no.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: Biografía de Isabel Pantoja en 10 momentos clave

Fotos: Gtres

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Ronda de llamadas entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pablo Casado para intentar una solución in extremis y evitar la repetición de elecciones y hay a quien todo esto le recuerda al mítico sketch de Millán Salcedo y su "digamelón".

He aquí un tuit del televisivo politólogo Pablo Simón que, sacando a pasear su lado más gamberro, ilustraba así el intercambio de llamadas entre los cuatro líderes políticos españoles.

"Última ronda de llamadas. Dramatización".

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