Winona Ryder y Keanu Reeves han vuelto a juntarse en una peli y ni te has enterado

Ya es la cuarta vez que coinciden Keanu Reeves y Winona Ryder en la gran pantalla, y la química es más que evidente. Aunque pase el tiempo. 47 años ella y 54 años él y están estupendos.

La película empieza con un encuentro casual en el aeropuerto. Él se acerca a la chica y le hace un comentario sobre lo bonito que le parece su vestido. Ella se lo agradece y le hace un cumplido sobre su americana. Enseguida comienzan una discusión absurda y aparece el título: La boda de mi ex (Destination Wedding), seguido de una frase que sugiere ser otro título alternativo más realista y "gracioso": Un narcisita no puede morir porque se acabaría el mundo

Y esto es lo que supone el inicio de su romance. Todo muy poco original. O, si se prefiere, acorde con el molde que espera encontrar el público de una comedia romántica protagonizada por dos veteranos,

eanu Reeves y Winona Ryder. Después de haber trabajado juntos en películas como Drácula de Bram Stoker (1992) o A Scanner Darkly (2006) vuelven a hacerlo, pero esta vez en plan amor y risas. Algo no habitual en sus trayectorias. 

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Después del éxito de Winona Ryder con Stranger Things (serie original de Netflix), el cineasta Victor Levin se puso en contacto con la actriz para proponerle el papel de una desdichada Lindsay en La boda de mi exElla accedió sin ninguna duda y le pasó el guion a su amigo y compañero Keanu Reeves, quien aceptó interpretar al testarudo Frank.

El goce de la obviedad

La película no tiene un argumento original. De hecho se puede decir que es todo bastante obvio.

Chico conoce a chica, los dos están solteros, han sufrido con sus relaciones anteriores y se niegan enamorarse. En un principio se detestan, aunque con motivo de una boda (a la que cada uno acude por un complicado compromiso) no tienen más remedio que encontrarse continuamente. Son realmente pesimistas, también bastante narcisistas, pero acaban dándose cuenta de que son el uno para el otro e inevitablemente acaban rindiéndose al amor. 

Sea como fuere, y pese a todo, resulta una cinta realmente divertida. Quizás porque, al final, las reglas de la comedia romántica funcionan pese a sabértelas de memoria. O quizá sea por la extraña química entre los protagonistas, sus rarezas y alguna que otra escena algo surrealista. 

Seguramente no sea una película que marque tu vida, ni la recordarás como una de las mejores que hayas visto, pero es muy probable que te rías y pases un rato agradable. Y, si no es eso, ¿qué esperas encontrar en una comedia romántica? Además, es el retorno de los dos iconos de los 80. Un retorno que (sniff) ha pasado sin pena ni gloria.

PAULA BARRADO

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Primer adelanto de Yo soy Dolemite, la nueva película protagonizada por Eddie Murphy.

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Que dure el verano pero, por favor, que acabe la sequía de estrenos realmente decentes que aqueja a la programación cinematográfica estival. Y menos mal que ha habido dos estrenos fabulosos para endulzar el verano: Once Upon Time In Hollywood y La virgen de agosto (una de cal y una de arena, pero ambas eminentemente cinéfilas, cada cual a su modo, Tarantino y Jonás Trueba, dos maestros).

Bueno, el caso es que en otoño vienen algunos estrenos que pueden resultar interesantes.

¿Para tirar cohetes?

Veremos

Juzgue cada cual.

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Sólo un jodido genio puede inaugurar su filmografía con una obra como Reservoir Dogs, impactante reescritura de los códigos del noir, el cine de atracos, la ultraviolencia fílmica y los diálogos de paródica teatralidad propios de la serie B. Todo ello, en un turmix desquiciado, es el estilo Tarantino.

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