¿Hay que prohibir las canciones de Michael Jackson?

Nada será igual después de Leaving Neverland aunque la sospecha resultaba más que fundada con respecto al lado oscurísimo de Michael Jackson. Pero el documental (estrenado este sábado 9 de marzo en España por Movistar) desvela que el Rey del Pop fue un violador de niños que practicaba una depredación salvaje. Sabíamos que Michael no era trigo limpio y ahora sus víctimas hacen el relato insoportable de su monstruosidad y la opinión pública se conmociona póstumamente y exige no escucharle nunca más.

El debate está abierto: ¿qué hacer con las canciones de Michael Jackson?

Se habla de un veto en la BBC y la prohibición en radios de Quebec y hasta en Radio 3 me pareció entender a Jorge Barriuso (con lo que yo le admiro) que jamás volvería a pinchar en su sección una pieza de quien cantara junto a Bob Dylan en We are the world.

Estamos ante la eterna controversia sobre cómo separar al artista de su obra, cómo disfrutar de Viaje al fin de la noche sabiendo que Louise-Ferdinand Céline escribió también repugnantes panfletos antisemitas en el París que enviaba a los judíos al Velódromo de Invierno como estación de paso hacia el exterminio.

La justa ira nos conduce a quemar los viejos discos en Michael Jackson en una pira purificadora.

Pero ¿debiéramos prescindir de la inmensa calidad musical de sus canciones?

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¿Tienen esas canciones algo que ver con su deleznable comportamiento privado?

Un asunto espinoso que, comentado el otro día en la redacción, agitó encendidas discusiones. Un resorte moral nos empuja a rechazar a Michael Jackson radicalmente. Pero sus canciones (lo queramos o no) permanecerán.

No hay nada en sus letras que sugieran la perversidad monstruosa que el Rey del Pop desplegaba en privado.

Tendría cierto sentido prohibir Billy Jean, una oda machista al fornicador despreocupado que deja embarazada a una chica y se empeña en escaquearse del bebé que vendrá al mundo. Escuchar con atención lo que Michael Jackson enuncia en esa canción mientras suena un ritmo absolutamente cautivador y magistral es para vomitar. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a escuchar dicha pieza sin reparar en su mensaje.

Porque somos seres complejos y la sensibilidad de hoy no es la misma que la de ayer y, la verdad, no resulta fácil responder SÍ o No a la pregunta que pinta el titular de este artículo.

Pero la cultura se construye (también) con grandes obras firmadas por seres humanos cuya vida privada resulta deplorable moralmente.

Eso sí, el merchandising de Michael Jackson podemos irlo almacenando e, incluso, enviarlo a la incineradora.

Sus canciones son imposibles de borrar de la memoria sentimental de varias generaciones.

Neverland ha ardido.

DANIEL SERRANO

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Fotos: Gtres

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